Reseña a “Notas en el refrigerador” por Linda Astwood

Publico una reseña que realizó Linda Astwood sobre mi novela Notas en el refrigerador. Gracias por tomarte el tiempo de esta devolución Linda, valga doble ese sustantivo propio.

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TITULO DE LA OBRA: Notas en el refrigerador

AUTOR: J. E. Wiser

GÉNERO: Romance

 

 

 

La trama se desarrolla a modo de notas las cuales son escritas por un hombre hacia una mujer, no se especifican nombres, ni edades y tampoco hay muchas descripciones físicas, no me han parecido necesarias para disfrutar la historia.

El título dice que son notas en el refrigerador, pero curiosamente solo la primera es ubicada allí, las demás son halladas en otros lugares. Las notas son encontradas por una mujer que es la destinataria de las mismas.

La historia me ha parecido interesante de leer ya que con cada nota podemos ver un poco, no mucho, pero sí lo suficiente de los personajes para adentrarnos en sus sentimientos, mucho más por supuesto en los del autor de dichas notas.

La primera nota no es muy ambiciosa, sigue un ritmo que llamaría “feliz” por el contexto y la comparación ingeniosa que hace de la personalidad o actitud de una mujer por su forma de conducir. A medida que se avanza con la lectura las notas develan un tipo de relación no tradicional, es decir, es una relación que tiene un problema o una prohibición, ya que los protagonistas de la historia tratan de  aprovechar el poco tiempo que tienen de estar juntos.

Toda la carga de la historia está en él, el autor, la chica siempre está en segundo plano, de hecho al principio la voz de ella tiene alguna participación, sin embargo al continuar en la lectura esta intervención de ella se va limitando, esto me gustó, porque le dio fuerza a la historia, guardando misterio acerca de ella, ese personaje del que él se expresa con esa viva emoción.

Debo decir que la forma de escribir del autor me pareció muy ágil, como si cada idea que plasmaba fuera “eyaculada” y valga la palabra. Cada opinión o descripción se siente gutural y franca lo que le da un toque masculino y dinámico que me resulta fascinante de leer.

Encontré excelentes analogías y conclusiones existenciales que me parecieron ingeniosas, es una obra que vale la pena leer y releer, evoca altibajos sentimentales para ser saboreados muchas veces. La obra no tiene desperdicio.

Por otro lado la mayoría de las notas están dirigidas a tocar nuestra parte emotiva y son muy hermosas, cada tanto se tornan físicas, es decir el sentimiento queda a un lado para despertar otro tipo de instintos.

Ahora que la he leído siento que la portada solo refleja la parte feliz, no sé si sea tan acorde, porque la historia me ha parecido más melancólica que feliz, aunque aún no sé lo que vendrá.

Siento que el título es mezquino en el sentido de que las notas de refrigerador no son tan largas como estas que nos regalas. Me imaginé todas cortas como la primera y no fue así.

Estas no son notas de refrigerador, son cartas de amor.

Mis notas preferidas: La nota 10 y la 12, gran final en esta última.

 

¿Ya leíste Notas en el refrigerador? ¿Cuáles son tus notas favoritas?

La liquidez de las palabras, ¿Qué es escribir?

Hoy plantee una actividad – algunos ya me han dicho profesor vía facebook – para mostrar que la materia prima con la que trabaja un escritor, las palabras, son en todos los casos una perras traicioneras.

Vamos a estar de acuerdo en que un vocabulario amplio es un armamento que los escritores necesitan. Pero a menudo damos por sentado el vocabulario que tenemos y no nos preguntamos de dónde viene, o cómo está hecho. Las respuestas que hoy nos damos las buscamos en las mismas palabras. Hoy toca hacerse algunas preguntas en relación a ellas.

¿Qué son las palabras? Aristóteles decía que la palabra era la mínima unidad significativa. Y ya en aquel entonces el griego apuntaba con certeza a su cualidad esencial.

Lo más técnico sería decir que la palabra es un conjunto o secuencia de sonidos articulados, que se pueden representar gráficamente con letras, y por lo general, asocian un significado.

En esa definición técnica hay algo que nos interesa remarcar, que es la asociación con un significado. El significado es el contenido que llena – o intenta llenar – la palabra sonora o gráfica. Este contenido es siempre maleable y transmutable, decimos que es un líquido, cuando no un gas. Puede cambiar de contenedor, puede alterar sus propiedades. Lo puede hacer porque nuestra mente es versátil y se adapta a los cambios. Así el lenguaje se articula y es creativo. Es un ser vivo.

Para mostrar esto hice una simple pregunta a unos escritores amigos. ¿Qué es escribir? Como escritores que son ese verbo no les es ajeno. Tienen una carga emocional depositada en esa palabra. Lo cual hace que sus respuestas llegan cargadas de imagenes, fantasias y significados que están por fuera de lo que uno diría, cotidianamente, que es escribir. Por esta razón caen con facilidad en la hermosa trampa de las palabras. Pero antes de leer las respuestas cargadas de emocionalidad, veamos el contraste con lo que dice la RAE sobre la palabra Escribir.

Escribir RAE:

  1. Representar las palabras o las ideas con letras u otros signos trazados en papel u otra superficie.
  2. Componer libros, discursos, etc.
  3. Comunicar a alguien por escrito algo.
  4. Trazar las notas y demás signos de la música.

Que frío tiene la RAE en el pecho ¿no?

La consigna fue sencilla, les pedí que me respondieran en menos de 50 palabras qué es escribir. Algunos no respetaron la consigna de la cantidad de palabras. A otros les bastaron unas pocas. Lo que quisiera que vean es como varía el significado de una palabra según quien la utilice. Y también reflexionen sobre la subjetividad con la cual trabajamos y de la que somos presa y cazador. Queda abierta la consigna en los comentarios para que otros escritores, lectores o lo que sean (ovnis, sapos, niños en la escuela, etc) participen con sus respuestas.

20 escritores independientes responden ¿qué es escribir?

Oswaldo: es ser libre.

Crespo: es poder expresar lo que llevo dentro, plasmar en papel lo que mi imaginación crea incluso cuando no estoy en medio del proceso creativo. Para mí, escribir lo es todo.

Antonio Távara: Creo que —en el aspecto estrictamente literario— escribir sería dar rienda suelta a lo más profundo que alberga nuestra mente, nuestra necesidad humana a expresar lo que creemos o sentimos sin temor —en la mayoría de los casos— a ser reprochados por ellos.

Aura Luna: La necesidad de expresar un mensaje, sea cual sea, llevado a la palabra para que sea eterno.

Ari Wolbi: Escribir es viajar. Es recorrer distintas partes del mundo a medida que cuentas una historia. Escribir es lo que soy. Es darle vida a una historia que te escogió a ti para contarla

Danyy Fernandez: escribir es liberarme; pensar historias, poesias, palabras que vayan acorde a una situación y con ella expresar mis sentimientos.. por ahi es lo único que me ayuda a sacarme el enojo y a veces es muy divertido.

Gabriela Pedreros Gutiérrez: escribir para mí es cambiar de piel y vivir una realidad distinta con una mente y criterios distintos. Ser un pequeño dios para un universo que seguirá existiendo cuando dejemos de escribir porque ya está hecho.

Salomé Maestre: no necesito 50 palabras, para mí escribir es un escape de la realidad.

Marisela Correa: Hay ocasiones en las que mi mente inventa cosas y se me ocurre escribirlas, mejorarlas, darle un toque que lo haga único. Es una forma de relajarme, de pensar en cómo sería la vida perfecta, e imperfecta. En ocasiones he pensado que la definición de escribir esta mal, que debería ser al revés. Que no se escribe para expresar los sentimientos. Más bien, se escribe para, válgame la expresión, sentir los sentimientos. Para sentir lo que te imaginas, lo que te ideas sienten los personajes. Para sentirte diferente, diferente a como eres, para ser diferente por un breve momento. Creo eso sería escribir para mi. No escribir para expresar, escribir para sentir.

Mariví González: escribir es muchas cosas. Todo y a veces nada. Terapéutico y relajante y muchas cosas más.

Jorge Concha: escribir es el cómodo recurso de pensar las cosas en voz baja, de atesorar palabras con cierta continuidad o relato, conjunto de letras que son visibles al público solo si el autoestima y autocrítica no las destruye antes.

A. Yajure: escribir es vivir mil historias en un sola vida, viajar a través de la imaginación y transmitirle tu pasión, esmero y dedicación a alguien más. Quizá para algunos signifique un pasatiempo, pero para mí posee un significado diferente a medida que creo vida a través de mis historias.

Lorena Di Rado: mi propio placer donde soy yo y muchas vidas más sin serlo, simplemente la evasión a otros mundos.

Vicky De Emyl: Fluir, volar, plasmar a través de las letras: sueños, pensamientos, anhelo, fantasías, que la imaginación desea proyectar a través de nuestra creatividad. Es una forma placentera y hasta cierto punto, terapéutica, para ser uno mismo, o ser aquellos quienes no podemos ser, dejando en palabras personalidades, escenas, mundos entre los cuales viaja nuestra consciencia.

Veronica Murillo Zapata: Escribir es crear. Es una manera de desconectarme del mundo real. Escribir es soñar. es creer en mundo mejores.

Kenia de la Torre: no quiero decir lo de crear mundos y bla, nula, bla. So escribo es porque noté que nadie me hacía caso cuando hablaba, así que pata ser, hacer y estar con quien yo quería; pues me puse a escribir muchas de las fregaderas que traía en la cabeza. Aún tengo la esperanza de que le guste a alguien

Claudia Oviedo: escribir es mi manera de comunicarme con otras personas de manera íntima. Aunque nunca nos hallamos visto ni hablado, si alguien se identifica con algo de lo que escribo, ya ha empezado a comunicarse conmigo, pues ve una parte del mundo a través de mis ojos y suma su perspectiva de la vida a la mía..

Stefania Lozano Cumber: la escritura para mi es una pieza del alma, la cual, refleja las emociones del corazón, y transmite  sentimientos al lector.

Melina Conde: escribir se puede definir de varias formas. Escribir es liberar todo lo que llevas dentro por medio de palabras, historias; es escapar de la realidad a la imaginación donde tu puedes crear tu propio mundo; es la relajación de tu ser. Eso y más es escribir.

Mmj Miguel: “Escribir responde a una necesidad artística. Más allá del plano profesional que el escritor debe tener para traer el pan a la mesa, escribir maxifica el entendimiento de nuestro mundo por medio de la palabra”.

Saida Libra: es evasión, vida, respirar, escapar… Te da la oportunidad de crear tu propio mundo y de dictar las reglas. Incluso controlas los imprevistos y los dilemas a los que se enfrentan tus personajes, y extrapolas en ellos sentimientos y vivencias, a veces sin darte cuenta. Te manifiestas de alguna forma a ti mismo. Manifiestas tus tristezas, miedos o sensaciones. Resumiendo… escribir para mí es básicamente una necesidad.

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Vemos que la carga emotiva lo moja todo y convierte una pregunta en un río bravo, que si no hubiese limitado a 50 palabras algunos estarían todavía escribiendo. Algunas cosas se repiten, libertad, evasión, comunicar, soñar, expresar. Y aunque algunas se parecen (hay muchos deseos de volar veo), no hay dos respuestas iguales. ¿Se imaginan los contrastes si comparan estas respuestas con las que daría el verdulero de la esquina, una ama de casa, el colectivero, una panadera, una maestra de jardín, un niño en la plaza? ¿Serían bien distintas cierto?

Si nos detenemos suficiente en una palabra y la estudiamos durante largo tiempo, encontraríamos que carece de significado. Llegaría un punto donde el sonido o la imagen no diría nada. O diría algo totalmente nuevo. El significado se difumina, se escabulle y parece que ya no representa lo que debía, se ha distanciado de lo real o ahora está apuntando a otro real. Usaríamos siempre más palabras para definir algo. Es una bola que se enreda sin fin. Es un goce intentar desenredarla ¿Acaso los escritores se deleitan en ese imposible? O por el contrario nos recluiríamos en el silencio como monjes budistas a buscar la palabra que se adecue perfectamente y que no existe. Tal vez la inventemos, porque ya sabemos que no existen los límites y las palabras son arbitrarias. O podríamos llegar a renunciar a capturar el significado y crear sonidos sin significado. ¿Es posible? Al final quedaría en evidencia que las palabras son una relación donde se ven las relaciones de poder y dominancia.

Yendo más al fondo de las relaciones que las personas tienen con las palabras, planteo ahora unas preguntas para que las piensen. Si de la carga emotiva nacen palabras de sentidos únicos, ¿No es la subjetividad un arma de doble filo? ¿Nos acerca o nos aleja de la comunicación? ¿Cómo determinarlo? ¿Cuán involucrados estamos emocionalmente con el tema del que escribimos? ¿Son las personas las palabras que eligen? ¿A esto apuntaba Juan Luis Vives, el filósofo español, cuando decía  “No hay espejo que mejor refleje la imagen del hombre que sus palabras”?

Y esta otra serie que abren nuevas consignas, vías de exploración, algunas que les pueden servir para armar personajes y crear verosimilitud, ¿Cómo habla la gente que los rodea? ¿A cuáles les dan mayor valor? ¿Cuáles les dan miedo? ¿Hay alguna que no puedan decir? ¿Cuáles son sus insultos? ¿Qué significado le dan a las palabras de uso cotidiano? ¿Cómo se saludan entre amigos? ¿Cómo se presentan? ¿Qué palabras eligen decir primero?¿El nombre? ¿La edad? ¿La profesión? ¿Qué palabras repiten?

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Algunos de los escritores, los más rebeldes, respondieron a mi pregunta con la misma pregunta pero espejada. Me interrogaban sobre qué es escribir para mí. A ellos les dejo este enlace a la primera clase del taller, donde dejé salir 8 fantasmas personales sobre escribir para después rearmar y unirlos en una sola bestia monstruosa.

Joyce Carol Vincent, historia de terror real

Joyce Carol Vincent, basado en una historia verídica.

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En noviembre de 2003, Joyce Carol Vincent fue hospitalizada durante dos días después de vomitar sangre debido a una úlcera péptica. En la ficha médica listó al gerente de su banco como el pariente más cercano. Aun teniendo a cuatro hermanas vivas.

En diciembre del mismo año Joyce Vincent vuelve de hacer unas compras a su departamento. Una vivienda sencilla, ubicada encima del centro comercial “Wood Green”. La renta de la propiedad era pagada a medias por una agencia de beneficencia para mujeres que sufrieron violencia doméstica.

Joyce se quita los zapatos al entrar a su casa y cierra la puerta por última vez. En la cocina deja unas bolsas con compras y mira un helecho muerto que lleva meses ahí. Piensa que debería reemplazarlo, pero luego se convence que sería en vano, es inevitable, es mala cuidando las plantas, se olvida de regarlas.

Lleva los regalos navideños que ha comprado al sofá para envolverlos. Enciende la estufa y la televisión. O quizá siempre estaban encendidos. Termina de envolver los regalos, han quedado formando un círculo alrededor de ella. Está agobiada, las fiestas la hacen sentir horrible. No tiene ánimos siquiera de silbar una canción. Se estira a descansar en el sillón, sus ojos están idos en la pantalla brillante. Mira un programa de cocina donde preparan unos manjares para las fiestas. No tiene hambre ni ganas de levantarse a hacer la cena. En la bacha hay platos por limpiar. Piensa en los pocos días que faltan para navidad y se le agobia el pecho de imaginarse otra vez en completa soledad. Tiene hermanas pero no las verá. Vive en un edificio de 200 departamentos, muchos habitados por personas igual de solitarias que ella, ubicado en el centro de una ciudad de siete millones y medio de habitantes, pero nadie, absolutamente nadie dentro de esa cifra la buscará. Durante los próximos tres años nadie le exigirá que le conteste los mensajes, que le abra la puerta. Nadie de esa cifra será culpable y todos lo serán.

Joyce Carol Vincent muere en su departamento por un ataque de asma, un paro cardiaco o una complicación en la úlcera. Unos pocos sostienen el suicidio. Es poco probable. Pero nadie lo sabe con exactitud. Tampoco se sabe cuánto tiempo agonizó. Nadie recibió su llamada de auxilio. Tal vez no la pudo realizar. O acaso no quiso. Quizá aceptó que su vida había llegado al final.

¿Se habrá imaginado Joyce que sería famosa? No por cantar, que era su pasión y lo hacía bien. No por acciones en vida realmente. No por la muerte tampoco, que las hay más extrañas. Sino por el abandono, el olvido y el desinterés de la sociedad por el vecino de al lado.

Al otro día de su muerte la televisión sigue prendida sin preocuparse del receptor. Sintoniza el Gran Hermano, emitido por primera vez en Holanda en 1999 y después replicado con éxito en más de 70 países. El reality show muestra a un grupo de “habitantes” que conviven en una casa diseñada para la ocasión, en la que son filmados por cámaras durante las 24 horas del día. Los televidentes dejan las pantallas encendidas todo el día porque si las apagan pueden perderse de algo. ¿O es porque así se sienten menos solas? Quizá Joyce veía el programa por esa razón.

2004.

El primero de enero del 2004 empieza sin promesas de visitas, salvo en términos de insectos. Las moscas son las primeras en llegar al cuerpo ya hinchado por la actividad microbiana de su interior. Los gusanos siguen siendo fieles al llamado de la carne que muere. Las arañas son buenas inversionistas y ya han empezado a armar sus redes en la pantalla del televisor que les traerá un sinfín de presas. Los insectos se dan un festín de reyes mientras ven un programa sobre los diez animales más letales del mundo. El escorpión ocupa el puesto número tres, y el mosquito el uno. Curiosamente en la lista no figura el humano.

En febrero el olor fétido, que ya hace días impregna la ropa de Joyce, el sillón, la alfombra y las cortinas, ha traspasado los muros del departamento y llega a los pasillos del complejo. El hedor de la putrefacción se hace insoportable. Los vecinos – gente de la que conviene cuidarse – dictaminan que el olor viene de los basurales donde arrojan los desechos del centro comercial. Alguien quiere elevar un reclamo pero finalmente no lo hace por falta de apoyo. Se olvidan del tema y aprenden a convivir con lo hediondo. En la televisión pública alguien piensa, años más tarde, que toda la sociedad es un muladar.

El helecho sigue muerto pero a su alrededor, gracias a la humedad del ambiente, han crecido unos diminutos tallos verdes.

En abril del año 2004, un niño persigue un caminito de hormigas que entran por debajo de la puerta del departamento de Vincent. Huele la putrefacción y teme que las hormigas se hayan devorado al dueño de la casa pero luego escucha que la televisión está encendida. El niño corre a decírselo a la madre que está viendo absorta un programa de casos del FBI. La madre lo reta severamente por espiar a los vecinos y le manda a hacer sus deberes.

El 1 de junio Nelson Mandela anuncia que se retirará de la vida pública, lo hace por su salud, que viene empeorando, y por el deseo de pasar más tiempo en familia. La frase que marca el discurso dice “No me llamen, yo los llamaré”. Joyce Vincent tuvo oportunidad de conocer en persona a Mandela. Pero esto no le pareció gran cosa, a Joyce la política le aburría y hasta le daba miedo. Tenía vergüenza de contar que sufrió abusos domésticos.

En julio del 2004 un programa televisivo de turismo muestra el famoso Palacio de Fulham. A pocos kilómetros de este, en Hammersmith, el 15 de octubre de 1965 nació y creció Joyce Vincent. A los 11 años de edad su padre, un carpintero hábil para decir las cosas, sienta a Joyce en una silla y le dice que su madre ha muerto. Desde ese momento la crianza pasa a ser responsabilidad de las cuatro hermanas mayores.

Para sus hermanas y conocidos – después algunos se llamarán a sí mismo “amigos”, “novios” o “parejas” – el 15 de octubre del año 2004 Joyce Vicent cumple su cumpleaños número 38. El teléfono suena pero nadie responde. La contestadora graba unos pocos mensajes de voz. Algunas cartas se amontonan debajo de la puerta. Nadie se ha esforzado demasiado en contactarla. Una ex colega del trabajo que tuvo en Ernst & Young piensa que Joyce siempre fue desagradecida con ella y decide que el año próximo no la saludara. Se siente satisfecha con la decisión, piensa para ella misma, “hay que enfocarse en las personas que suman”.

En diciembre se cumple un año de la muerte de Joyce Carol Vincent pero todavía nadie lo sabe. ¿Se cumple entonces un año? El televisor, que sigue encendido, es el único que parece saberlo: para festejar el aniversario repite el mismo programa de cocina sobre platos navideños. El tan descarado le sigue hablando despreocupadamente a un muerto. Aunque no hay nada de nuevo en eso ¿Cierto?

2005.

El 2005 será un año de atentados. Los noticieros tendrán en la mira a todo elemento externo para atacar. Ningún país es confiable. La BBC emite un informe especial sobre el alto índice de suicidios que hay en Suiza. El 14 de marzo Vladimir Putin gana las elecciones en Rusia, los noticieros no hablan de otra cosa. El 7 de julio cuatro explosiones paralizan el sistema de transporte público londinense. El 21 de julio hay una segunda serie de explosiones. En los pasillos los vecinos hablan como chanchos asustados de lo mal que están las cosas. Se escucha que no se puede confiar en nadie. Alguien sugiere irse a vivir a las afueras, al campo o a un pueblo con poca gente. Otro dice que es inútil, las desgracias ocurren en cualquier lugar.

Llega otro 15 de octubre donde Joyce Vincent recibe cartas y llamadas. Esta vez son menos, hay quienes se han ofendido por no recibir una respuesta. Las llamadas de teléfono sin embargo han aumentado por el boom del telemarketing. Pero para desgracia del sistema, los cadáveres no contestan el teléfono.

En noviembre los gusanos ya casi han terminado su tarea. Falta poco para que el hueso quede pelado. Las arañas son las primeras en notar la disminución de la concurrencia que hay en el comedor. Algunas ya empiezan a pensar la mudanza a otro corredor abandonado.

Llegan las fiestas de diciembre y se cumplen tres años de la muerte de Joyce pero todavía nadie lo sabe. Los carteros siguen dejando las deudas de impuestos y servicios debajo de la puerta. En una ocasión un vecino tocó el timbre del departamento para pedir que bajara el volumen del televisor, pero terminó prevaleciendo el respeto de la propiedad privada y el sentido común inglés de no entrometerse en la vida del otro. La navidad pasa y los regalos que rodean el cadáver de Joyce siguen esperando envueltos, cubiertos por una capa de polvo.

“Sálvese quien pueda” y “Si te pierdes no esperes que te encuentren” son dos frases que repite al aire un comediante británico. En año nuevo pasan una de las canciones favoritas de Joyce, el estribillo dice “Mi sonrisa es sólo un ceño fruncido, sí / Girado al revés, sí sí / Solo un ceño fruncido / Al revés / Oh, y si por casualidad me oyes reír / Solo me río para engañar a la multitud”.

2006.

Finalmente llega el día que se genera un interés sobre Joyce Carol Vincent. Es, sin dudas, el interés del dinero. El sistema de rentas inmobiliarias reclama la propiedad. ¿Quién sino? La renta adeudada asciende a las 2400 libras. Ese dinero genera intereses. En este caso los oficiales actuaron rápido embargando el departamento. El 25 de enero de 2006 los agentes judiciales encontraron el cadáver en estado esquelético con el televisor y la calefacción encendidos.

La calefacción y la televisión siguen encendidos. Este dato sorprende a muchos. ¿No son una fiel prueba del mundo competitivo en el que se aspira a vivir, e incluso, morir? “Calefacciona hasta la muerte”, es el slogan rebotado de un joven creativo que trabaja en publicidad para una empresa de estufas.

Alrededor de los huesos están los regalos envueltos que nunca llegarán a destino, si es que alguna vez tuvieron uno.

Origen, algoritmos y misterio en los Wattys

Los Wattys 2017 no llegan solos. Hay entusiastas, histeria colectiva, rumores, vientos de cambios y también hay misterio. Bueno, es un poco un chiste, nadie ha muerto. Pero ciertamente esta semana me tomé el tiempo de hacer algunas entrevistas para despejar las dudas de muchos que participamos de la comunidad latina. Les comparto dos entrevistas que les serán de ayuda. La primera con la precursora de los Wattys en Español, y la segunda con una de las actuales organizadoras.

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¿Cómo se eligen los ganadores de los Wattys?

Esa fue la pregunta que le formulé a una embajadora de wattpad y no supo solucionar sin sembrar más incertidumbre. Ante la falta de una respuestas satisfactoria me contacté con la primera organizadora de los Wattys en Español.

Lado A: orígenes del concurso en español

Para adentrarnos en el tema hablamos con Natalia Alejandra, ex trabajadora como Auxiliar (contratada) y precursora del concurso en la comunidad hispana.

Natalia Alejandra: Yo fui la precursora de los Wattys hispanos. Los Wattys existen desde el 2010, pero solo podían participar historias en inglés. Me harté de esta situación y creé los Premios Wattys en español (se organizaban  desde una cuenta que ahora se llama concursos Watty http://my.w.tt/UiNb/TZCDy9hwLD)

Esto fue a comienzos del 2013. Junto a un grupo de colaboradores organizamos los Wattys no oficiales en el 2014. A raíz de esto más usuarios empezaron a crear sus premios luego, pero esa es otra historia.

En el 2014 Wattpad notó nuestros esfuerzos y apoyó nuestros premios, los que yo organizaba. Fue sponsor (dábamos premios físicos) y nos regaló varias camisetas para los ganadores.

Ya en el 2015 y gracias a estos precedentes, organizaron los primeros Wattys oficiales en español junto con un par de idiomas más. Desde la sede en Toronto.

Y en el 2016 en más idiomas. Tengo entendido que este año habría menos idiomas. Pero mucho más no sé. La organización se da desde la sede, yo solo ayudaba desde que se hicieron oficiales.

El año pasado trabajaba ya para Wattpad como auxiliar de comunidad (contratada). Mi función era entrenar a los embajadores para responder las preguntas de la comunidad.

Jamás tuve poder de decisión sobre los ganadores ni nada por el estilo.

J.: Al principio si, ¿cierto? me refiero a cuando organizaste los no oficiales.

Natalia Alejandra: Sí, pero sólo seleccionábamos los finalistas. La gente luego votaba por sus favoritos. En aquel entonces los oficiales también eran por votaciones. Eso cambió en el 2014, cuando nosotros ya habíamos organizado cómo serían los premios de ese año.

Era por grupos de géneros y en cada uno había categorías lo más popular, en ascenso y gemas sin descubrir, para contemplar distintas clases de historias. Leíamos parte de las historias que presentaban para descartar las que fueran muy desastrosas, y luego yo analizaba cantidad de lecturas por parte, votos y comentarios de cada historia para asignar un puntaje. La calidad tenía otro puntaje más. En base a esto se elegían los finalistas.

Era un proceso muy mecánico y objetivo.

Ahora sé que hasta el año pasado elegían un cierto número de finalistas para evaluar y decidir ganadores pero se hace mediante algoritmos que analizan datos de forma automática y luego empleados de la sede ven las historias para elegir ganadores.

Los que trabajan en sistemas sabrán.

Depende de cada categoría. Por ejemplo la de coleccionista tenía las historias que más veces fueron agregadas a listas de lecturas. Eso se sabe mediante los datos. Dará las más agregadas de cada categoría y de ahí eligen.

En algunas categorías es más complicado, por ejemplo: gemas sin descubrir. Son millones de historias nuevas que podrían tener potencial. Es una lotería. Entonces sucede que miles de historias que valen no habrán sido evaluadas porque el sistema no las escogió y porque no pueden evaluar a todas. Ojalá este año busquen una forma de seleccionar mejor.

J.: Un considerable porcentaje de embajadores tienen premios en los Wattys, esto ha generado un rumor de presunto favoritismo entre los demás participantes. ¿Qué opinión tienes al respecto?

Natalia Alejandra: Muchos embajadores tienen historias muy leídas y muy buenas. La mayoría de las veces alcanzaron esto antes de ser embajadores. Incluso hay embajadores que ganaron Wattys antes de ser parte del equipo. Sí podrían tener mayores posibilidades de ganar en las elecciones del personal, que es una de las categorías donde el personal de Wattpad elige sus historias favoritas. Y al ver más a los embajadores tienen una mayor predisposición a leer sus historias. Esto no quiere decir que haya favoritismos, pero sí es cierto que podrían tener más visibilidad. En lo demás es pura suerte.

J.: ¿Por qué crees que no dicen quienes son los jueces que deciden entre las finalistas?

Natalia Alejandra: Porque son empleados de Wattpad, no son jueces ni nunca se indica que lo sean. Solo basta con ir a la lista de empleados y ver quienes hablan español.

J.: Aunque no lo digan, son jueces por hecho. Están decidiendo ganadores.

Natalia Alejandra: hasta el año pasado se indicaba que era un “equipo editorial en la sede”. En realidad no se juzga demasiado. Siempre se puso el mayor peso a los datos y estadísticas. Quizás este año no sea así pero ya se sabrá.

J.: ¿Por qué dejaste la organización?

Natalia Alejandra: A mí me echaron de mi puesto el 26 de abril. Mi puesto era auxiliar de comunidad y estaba a cargo de los embajadores. Fue por desacuerdos en las condiciones de trabajo por lo cual decidieron que era mejor prescindir de mis servicios y en mi lugar contrataron a Gabriela Cabezut.

Ella es la nueva auxiliar hispana aunque muchos no la conocen porque no formaba parte de nuestra comunidad, en realidad. Fue embajadora por muchos años pero en el equipo, es mexicana pero escribe en inglés. Fue una sorpresa para el equipo hispano pasar a ser liderado por alguien que conocía poco de nuestra comunidad.

J.: ¿Hay otra persona en la misma que vos?

Natalia Alejandra: Mmm no. Yo era la única auxiliar para nuestra comunidad. Por ahí embajadores que dejaron el equipo por estar disconformes después de que me echaran a mí (nadie estuvo contento pero se quedaron la mayoría porque querían seguir siendo de ayuda para la comunidad).

Son cosas que pasan, pero no imaginaba que esto pasaría después de todo lo que di por la comunidad. Fue justamente por esto que me buscaron y hasta viajé a Toronto en julio del 2015 y a México para la feria de Guadalajara en diciembre pasado. Pero bueno, las empresas funcionan de este modo.

 

Labo B: la actualidad de los premios, 2017.

Después de hablar con los embajadores que me respondieron con muchas buenas intenciones pero sin demasiada información, me contactó Gabriel Cabezut por Wattpad (quien ocupa ahora el puesto que fue de Natalia Alejandra). Aproveché para repetir mi pregunta. Acá la respuesta.

Gabriela Cabezut: Hola. Soy la Auxiliar de la Comunidad de habla hispana y me comentaron que tenías muchas dudas de los Wattys. ¿Te puedo ayudar en algo?

J.: Hola Gabriela. Sí, me interesaba saber un poco más acerca de su organización, jueces, y criterios de elección. Simplemente para escribir un artículo y despejar dudas a los participantes.

Gabriela Cabezut: Creo que hablaste con Aura, Wilma y Ann? jajaja no sé si tengas más dudas…

J.: Sí, para ser sincero no respondieron mis dudas. Repitieron la misma no-respuesta. “Información confidencial”, “es imposible tener jueces”, etc…

Gabriela Cabezut: jajaja ok, la manera en la que se califican las historias es así: Wattpad tiene ciertos algoritmos (soy cero técnica entonces no tengo ni idea de cómo funcionan) que escogen un número de historias en base a X valores que se les dan. Estas historias se pasan a un equipo de personas que se entrenan desde la sede y que tienen una rúbrica con valores, y se lee cada historia, llenando esta rúbrica, y al final las historias con mayor puntaje son las que ganan. No hay un primer lugar, sino un número de historias por cada categoría. Nadie sabe cuál fue la que tuvo mayor puntaje o no, sino que fueron las más altas.

No se nombran “jueces” porque en realidad es un trabajo en conjunto entre el software (algoritmos) y el equipo que la sede ha definido.

J.: ¿Y tenes idea de por qué motivo no dicen quién es el equipo que la sede define?

Gabriela Cabezut: Porque te imaginas la presión que estas personas tienen? Tienen en sus manos las mejores historias de millones de personas. Si la gente sabe quienes son, les mandarían diez mil mensajes, les estarían preguntando qué historias llegaron a la última ronda, etc. Tienen que leer las historias de manera objetiva y debe ser en sí, un trabajo bajo presión, no necesitan la presión de los millones de usuarios de Wattpad.

Y se hace así en cierto modo para poder ser más justos, para que la gente no sienta que “tiene que quedar bien con x o y” sino que puedan leer las historias y calificarlas de acuerdo a los estándares que se piden, de manera justa y equitativa, basándose en las historias, no en las personas que las escribieron.

 

Breve opinión personal de quien les escribe

Primero el dato del despido que surgió de la charla con Natalia Alejandra, y que en verdad es triste descubrir que Wattpad no supo valorar sus capacidades. Creo que habría un gran consenso al decir que pocas personas han hecho tanto por la comunidad como Natalia.

En relación al tema principal debo admitir que la franqueza de confesar que utilizan un algoritmo y preponderan los datos y las estadísticas me llama la atención. Al mismo tiempo que se desentienden del proceso final de selección, donde se ejecuta – quiérase o no – una acción de juzgar las obras preseleccionadas por el “algoritmo”. Habla esto de un nivel de organización muy precario y al mismo tiempo permisivo. ¿A nadie tienen que rendir cuentas?

Supongo que mi curiosidad ayuda, pero les pregunto a ustedes ¿No les causa intriga saber cómo funciona este algoritmo? ¿Soy el único que piensa que los números y estadísticas tienen muchas formas de leerse? ¿O que sería legítimo y validaría más al concurso si se conociera el jurado que dictamina cuales obras son las premiadas? ¿No creen que los usuarios se merecen más transparencia?

 

Más info

Por el momento queda esperar al 15 de junio para saber más sobre el concurso. He aprovechado este tiempo muerto para mandar algunas solicitudes de entrevistas a la sede de Wattpad en Toronto. Al mismo tiempo estoy esperando respuesta de la encargada Catalina Merchán, superior de Gabriela Cabezut, quien seguro podrá informar con precisión sobre los temas expuestos.

Mientras tanto propongo que mantengamos un diálogo abierto sobre los Wattys 2017, con el propósito de echar luz sobre estas preguntas y otras que puedan surgirles. Siempre con respeto, seriedad y rigor profesional. La comunidad es de todos.

Ya saben, nos leemos en los comentarios o en el chat.

Micromecenazgo para un libro

Como ya hemos visto antes el camino tradicional para publicar un libro suele ser un proceso de filtrado que da lugar a unos pocos y deja a muchos autores en el camino. En especial este recorrido se le hace tortuoso a los autores noveles. Sin embargo la evolución de la tecnología trae algunas ventajas en el mundo editorial que son especialmente útiles para los escritores independientes. Las facilidades de pagos que ofrecen las plataformas de crowdfunding o micromecenazgo sumado a las imprentas que trabajan por demanda o en pequeñas tiradas, son dos factores que se le ofrecen a los nuevos escritores como posibles puertas a la publicación.

Crowdfunding o micromecenazgo

crowdfunding o micromecenazgo

El crowdfunding es una herramienta de financiación de proyectos a través de aportes de particulares. En su origen las plataformas se dedicaban a impulsar proyectos de cualquier tipo. Dentro de los cuales empezaron a aparecer cada vez más los editoriales. A tal punto que en la actualidad existen plataformas específicamente destinadas al financiamiento de obras del mercado editorial. Estas empresas funcionan como editoriales pero con el agregado de incorporar métodos de financiación colectiva. Como toda editorial, las instancias de evaluación y filtros de las obras que reciben siguen presentes a fin de preservar la calidad en las colecciones del sello.

Dentro del campo editorial hay dos tipos de mecenazgos diferenciados por sus objetivos.

  • El mecenazgo con recompensa es la oferta tradicional, donde el lector compra por adelantado el libro y recibe premios por el grado de participación.
  • El mecenazgo con recompensa y retorno de la inversión es una variante más actual, donde el lector además de comprar por adelantado el libro y recibir premios, adquiere un porcentaje de ganancias por las ventas que la obra genere a futuro.

En español, la plataforma más conocida de mecenazgo con recompensa es la de Libros.com. Una editorial que ofrece a los autores financiar la publicación a través de la venta de libros por adelantado.

Un ejemplo de mecenazgo con recompensa y retorno de la inversión es el que ofrece Pentian. Donde, además de las recompensas y regalos, se le ofrece al mecenas participar con el autor y la editorial de los royalties que se generen con la venta del libro. En este caso los mecenas se convierten en socios directos del autor. Siendo de esta manera tres partes las interesadas en generar ventas.

¿Cómo funciona el retorno de inversión para los mecenas?

Los royalties dependen de cada caso en concreto que se analice. En esta oportunidad les hablaré del contrato de Pentian.

La propuesta que Pentian realiza respecto a la división de las ganancias que produzca el libro es la siguiente: un 50 % del total son para el autor, un 40% corresponde a los mecenas que financiaron el proyecto, y el 10% restante va para la editorial.

La ventaja de este modelo de crowdfunding es que el lector se convierte en un inversor de autores. Es una realidad que el crowdfunding bien utilizado se convierte en una herramienta revolucionaria. En la producción de contenidos y ofertas culturales ocurrirá lo mismo si el lector/mecenas comprende y hace consciente que su poder de consumidor tiene también un efecto de inversión. Las editoriales al estilo Pentian o Libros.com son alternativas para evitar caer en el callejón sin salida en el que muchos autores noveles se encuentran. Al mismo tiempo que evidencian de manera directa la retroalimentación que existe entre lector-autor-editorial. Y permiten ir pensando modelos de negocios que sean más amigables con las obras que irrumpen por fuera de los géneros más comerciales.

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En los comentarios me gustaría leer sus opiniones sobre el micromecenazgo para publicar sus obras. ¿Habían escuchado al al respecto? ¿Tienen alguna experiencia para contar?

 

Marketing del libro, primeros pasos. Fase 1: Publicación

Abrimos hoy dentro del Taller el Ciclo de Marketing del libro, especialmente destinado a quienes además de escribir tienen la ambición de publicar, y por qué no, de vivir de la escritura.

Fase 1: publicación

Para hablar de marketing del libro tenemos primero que aceptar algo que todavía algunos se resisten: el libro es un producto, y como tal debe enfrentarse a millones de ofertas similares que buscan dominar el mercado. La pregunta es cómo hacerlo para tener éxito y alcanzar la lista de los más vendidos, ser rentable o al menos publicar la obra luego del esfuerzo que implicó producirla.

Pregunta para el que todavía se niega a aceptar que el libro es una mercancía, un objeto, un fetiche para muchos, un número en una columna de ventas. ¿Has visto cómo los supermercados, donde se venden quesos, fiambres, televisores, sillas, etc., incluyen hace ya varios años una estantería de libros?

De hecho, es por esta razón de producto que el primer paso del Marketing de libro comienza en la inscripción de tu manuscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual. Procedimiento burocrático del todo enervante pero que es elemental para arrancar este proceso de Marketing con el pie firme en el terreno legal.

El segundo paso será enviar la propuesta editorial a una agencia o editorial. Hay ocasiones en las que este procedimiento se realiza antes que la escritura del manuscrito. Ya sea que el autor, generalmente consagrados, envían su idea a la editorial para la aprobación y correspondiente anticipo. O por el contrario, en base a estudios de nicho la editorial realiza una propuesta a un autor.

Los filtros

El tercer paso será superar los filtros. Desde este momento el autor no tiene nada más que hacer, salvo que sea pariente o amigo de la editorial y pueda ganarse un favor. Eso lo dejamos para tema de novela. En el caso corriente el autor ya hizo sus esfuerzos para pasar los filtros al escribir la obra. Ahora toca que esta muestre valor y se defienda a sí misma en un coliseo lleno de leones.

Seguimos por el camino tradicional en el que uno se dirige a la editorial, ya que es el más usual entre autores independientes. Una vez enviada la propuesta comienzan los filtros de calidad. Estas son básicamente las instancias donde se desechan propuestas y manuscritos a rolete. En términos generales esto se debe a una sobreproducción de textos de dudosa calidad, que no tienen demanda o la inversión es demasiado arriesgada. Abro un paréntesis para reirme un poco. Cuando los autores son desconocidos se tiende a pensar que por algo son desconocidos. Es como cuando uno termina una carrera universitaria y mira que las ofertas laborales son excluyentes para aquellos sin experiencia de trabajo en cargos similares. Es decir, la carrera no terminó – nunca termina – ahora hay que hacer una pasantía o voluntariado para hacerte de esa experiencia incluso después de haber estudiado. Parece que algo funciona a favor del sistema ¿cierto? A esto le llamo yo, humor mediante, un Sistema Obsesionado con el Fracaso (SOF). El gran temor del SOF es hacer una inversión a largo plazo, persiguen la renta inmediata porque el día de mañana es incierto. Si invierten en la capacitación de un recién egresado es probable que luego este se vaya con otra empresa y, por supuesto, se lleve consigo la capacitación. En el futuro me imagino que las capacitaciones se insertarán como un chip en el cerebro, a lo Matrix, y si decides irte te las retiran, quedando otra vez en blanco. Pero hasta que eso ocurra el SOF sigue vigente y el conocimiento es poder. En las editoriales ocurre algo similar; construir un autor significa una inversión arriesgada. Esto se ve llevado al extremo porque los autores son el factor más débil de la cadena de Marketing del libro. Quiero decir que hay autores hasta debajo de las piedras. Cierro paréntesis.

En el caso de trabajar con una Agencia, el primer filtro de calidad serán los mismos agentes o los lectores de confianza que estos disponen para evaluar tu manuscrito. En ocasiones el agente se toma la licencia de  asumir el rol de editor y sugerir modificaciones al autor antes de presentar la obra a una editorial. Es recomendable contar con un agente. Estoy explícitamente en contra y no recomiendo para nada a esos embaucadores que exigen cobrar un adelanto antes siquiera de leer la obra. El agente cobra un porcentaje a discutirse con el autor de las ganancias futuras que la obra produzca. Si no fuera así su figura sería ridícula y poco probable que se comprometa a encontrar la mejor posibilidad para el autor.

El segundo filtro serán claramente los lectores de la editorial. Muchos autores independientes contactan de manera directa con los sellos, saltándose ese nuevo intermediario que son los agentes, una figura que facilita el trabajo del editor y por lo tanto significa que si llegamos al segundo filtro por medio de un agente, la lectura de la editorial ya estará un poco más libre de prejuicios. O al menos hay algunas posibilidades de que la lectura se produzca. En caso de interés el editor realizará un informe sobre la obra. Básicamente se pesan las debilidades y fortalezas del producto en relación al mercado. Si dentro del sello existe una colección donde pueda entrar a jugar, y además a la obra se le descubrieran dientes para devorarse el mercado, es probable que sea publicada.

Hay quienes sostienen que este segundo filtro está dividido en tres internos; en la base los lectores de confianza que responden al amo y señor Editor, que a su vez responde a un Comité Editorial. Me imagino ese comité como un grupo de señores barrigones con bigote gris y puro en la mano sentados alrededor de una mesa redonda dictaminando sobre el futuro de la cultura leyendo un resumen breve. Lo cual quizá sea cierto para las grandes bestias editoriales, solo unas pocas a nivel internacional. Pero en las editoriales pequeñas, y a las cuales los autores independientes tienen mayor acceso, se disponen de menos recursos y estos filtros ocurren de una manera más personalizada. El bello aroma del trabajo artesanal, me da placer solo pensarlo.

Ir por fuera de los filtros

Si el autor no hubiese conseguido pasar estos filtros que, se supone, aseguran calidad y variedad, pero en los hechos producen bestias clonadas que en lo personal yo mataría a mansalva (lo haré con gusto en algunas críticas). Revisemos sino el caso del premio nobel José Saramago al que le rechazaron la publicación de Claraboya, lo cual le causó una terrible frustración y lo alejó de escribir durante veinte años. Circunstancia del todo trágica si consideramos las obras que se perdieron en esas dos décadas. Y que empeora más aun cuando vemos que la editorial en lugar de pagar un resarcimiento le envía, cuando Saramago ya es Premio Nobel, una petición para publicar el manuscrito que en su momento rechazaron.

Respiremos hondo, no hay que ser portugués para pensar en eso y que nos duela el corazón.

Si el autor no consigue pasar esos filtros, pero piensa firmemente, tal como pensó Marcel Proust, que su obra es excelente y la humanidad algún día se lo agradecerá, le toca sacar dinero de su bolsillo y autopublicarse. Así lo hizo Proust con su obra más célebre; En busca del tiempo perdido.

O quizá el autor sencillamente quiere tener unos cuantos libros para regalar o vender entre sus familiares y amigos del taller de escritura. En cualquier caso, llegado este punto estaremos dentro del tema que discutiremos en las próximas entradas; la autopublicación de un libro, una solución que el Marketing del libro y la tecnología le han encontrado a millones de autores que quedan fuera del sistema tradicional. Una herramienta útil para aquellos que confían en su texto, y a quienes este Ciclo de Marketing del Libro les será imprescindible, ya que deberán realizar algunas etapas posteriores a la Fase 1 de Publicación, y de las cuales habitualmente se encarga la editorial. Hablamos de precio, plaza, promoción.

En los comentarios me gustaría leer sus experiencias publicando o intentando publicar. Ya sea en el modelo tradicional o en el de autopublicación.

Crónicas de viaje – Salvarse viajando

Y así, después de siete meses, estaba otra vez en casa. De pie al lado de la puerta y mirando a la plaza donde jugaban al fútbol los niños. Al parecer nada había cambiado en mi ausencia, los chicos del barrio seguían confiando en que la vida se trataba de perseguir una pelota. Todavía ocurría que un gato siamés se acercaba a la cancha improvisada para que alguno de los jugadores, el más cansado o el menos entusiasta del deporte, lo acariciara y le hiciera olvidar el frío. Se acercaba al final un otoño crudo. Pronto sería invierno. Pensaba en septiembre, cuando se cumpliría un año de vida duro, el más frío, el más lejos de casa.

Dejé Argentina cuando la primavera llevaba sólo seis días inaugurada. En Italia comenzaba un otoño que sorprendería con nieves. Luego en Japón el invierno se adelantaría; hacía 54 años que durante noviembre no se veía nieve en Tokio. Las excepciones del estoico clima fueron en Bali, Malasia, Singapur y Tailandia, donde uno siempre se queja del calor y no se distinguen las estaciones. En Kazajistán se escupía y al piso llegaba escarcha. En Turquía las heladas de madrugada. En Grecia llovió todo Atenas, ya en Delfos se limpió el cielo pero el sol parecía ausente. De vuelta en Italia el invierno se extendía por una primavera que se avecinaba lenta. Cuando los días calentarán desde temprano yo ya estaría de regreso en Argentina, donde el otoño sorprendía por sus bajas temperaturas.

Encontraba en estos climas helados un espejo de mi alma. Y del camino que, como bien dice la canción, se hacía al andar. Los planes originales fijaban que volvería en verano a mi país. El seis de enero iba a llegar a Córdoba. Pero el regreso se prorrogó cuatro meses por una experiencia en Japón. Cuando se viaja lento uno es del destino.

Durante todo noviembre fui voluntario en un templo budista. Ninguna tarea se me exigía, salvo la de levantarme todas las mañanas a las seis de la mañana para hacer sonar una gran campana de acero colocada debajo de una pequeña pagoda en lo más alto de la montaña. Seis campanazos bien acertados con un gran tronco que se sujetaba de los extremos con dos cadenas. Hecha esta tarea disponía del día entero para hacer lo que quisiera. La mujer del monje cocinaba para todos los del templo al mediodía y a las seis de la tarde. A esa hora debía dar otros seis golpes a la campana para dar cierre a la jornada. Entre cada campanazo se cuentan quince segundos, el monje me enseñó a usar esos segundos para rezar, que lo traduzco a lenguaje occidental como conectar. El sonido era agudo al principio y luego grave, bajaba por la montaña hasta llegar al pequeño pueblo que se despertaba y terminaba su jornada hacía más de cuatrocientos años con aquel ritual. A diferencia de la mayoría de las iglesias, que utilizan sistemas mecanizados, en el templo se continuaba la tradición de hacerlo manualmente para defender el símbolo. La tarea es encomendada al discípulo más nuevo y se la utiliza para forjar la disciplina. Durante noviembre ese fui yo.

Debía despertar a las 5:30 de la mañana, cuando el día aún no aclaraba, para abrigarme y subir por el sendero a través del bosque de bambú hasta llegar a la pagoda. La tarea de madrugar todos los días era el primer desafío. Luego venía subir la montaña aún medio adormecido, bajarla sin matarme, meditar y mantenerse despierto el resto de la jornada.

La primera semana llegué exhausto y con la garganta seca. El monje ya me estaba esperando debajo de un techo en la posición de loto, apenas cubierto por su túnica. Al escuchar mi llegada, se despertaba con una sonrisa y me explicaba cómo hacer la tarea. Es extraño y curioso que pudiéramos entendernos perfectamente pese al poco inglés que él sabía, y a mi poquísimo japonés. Después de tocar la campana me invitaba a  comenzar el día meditando en el templo.

Al quinto día me sorprendió no encontrarlo en la pagoda. Al finalizar los seis campanazos fui al templo y allí estaba en la puerta esperando para comenzar los cuarenta minutos de meditación.

La tercera semana, no recuerdo ya con exactitud el día, las puertas del templo estaban abiertas. Adentro no había nadie. Miré con más detenimiento que nunca la estatua de Buda y los pergaminos labrados en placas de oro. La vela que se solía encender en algunas meditaciones y los instrumentos de música que otras veces también se usaban. Vacío y silencio. Cerré la puerta, me senté en la posición de loto y empecé a meditar. Ese día entendí que tenía un nuevo hábito; el de levantarme a la seis de la mañana. Y una nueva herramienta; la meditación.

Dos días más tarde, en esa primera meditación de la mañana, que ahora la practicaba en completa soledad, tuve una experiencia que me iluminó algunas decisiones sobre mi vida. El efecto inmediato fue que no volvería a la Argentina el seis de enero. El otro es la historia de mi viaje, que empecé a escribir en Montelupo, Italia, el mismo día que me levanté para tomar el vuelo de regreso a la Argentina.

Veo a estos niños jugando al fútbol en la plaza, y siento que tal vez algún día, a alguno de ellos, quizá el pequeño que acaricia al gato, estas crónicas de viaje les sean de ayuda. Al menos al que las escribe le han salvado la vida, o una buena parte de ella. Por ahora les doy la espalda, aún tienen las ilusiones intactas y una sonrisa auténtica por solo pegarle a la pelota.

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Las crónicas están todavía en el taller de diseño, ingeniería y tuneado, cuando vaya teniendo algunos fragmentos funcionales, con sentido propio, como cuentos, los voy a ir publicando por acá. Si te interesan las crónicas podes aprovechar este momento para suscribirte al blog.

Por otro lado, mientras trabajo las crónicas me suelen aparecer ideas e imágenes sueltas que para no desperdiciarlas las escribo en poemas eufóricos. Si quieren empezar a leer sobre mi viaje lo pueden hacer en esta obra que he llamado Salvarse viajando. Su objetivo es el de contagiar un poco el hambre de viajes.