La cicatriz de una quemadura,

el golpe del hacha a un leño,

el avance tirano del segundero.

Las obras breves son diamantes,

lecturas para respirar hondo, meditar.

Condensar los elementos de la prosa, esa es la misión, el ideal.

 

El hacha de Kafka. Mejor citar:

“Lo que necesitamos son libros que nos golpeen como una desgracia dolorosa, como la muerte de alguien a quien queríamos más que a nosotros mismos, libros que nos hagan sentirnos desterrados a los bosques más remotos, lejos de toda presencia humana, algo semejante al suicidio. Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros. Eso es lo que creo”. (Carta de Franz Kafka a Oskar Pollak 1904).

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