Dos poemas de J. E. Diaz

Chica Wow

Mi chica wow entrena en el parque,

camina kilómetros y kilómetros

para este verano

usar una tanga.

 

Oh mi chica wow,

se mueve con glamour

sobre el asfalto hervido;

calzas con líneas fucsias,

zapatillas fucsias,

brochecito en el pelo.

 

Hay un patán de músculos tuneados;

la ve con la mandíbula apretada

y una botellita ridículamente diminuta.

 

¿Qué preguntas se hará?

Migra de una pista a la otra,

como un ave.

 

Mi chica wow entrena en el parque,

sobre los latidos del asfalto,

camina kilómetros a la redonda

perdida entre la gente.

 

 
Nubes de tormenta

El cielo explota en hongos.

El chillido de un colectivo llega

y sigue llegando, como un bucle

de disparos lentísimos.

 

Subo la música;

dos jóvenes bailan en soledad,

al límite de la velocidad del ojo,

giran como huracanes frágiles.

A su alrededor se alejan las palomas.

Practican la danza

de picotear las migas de la ciudad.

 

Un niño apunta con la hondera.

 

El tiempo acaba mientras bailamos

entre bombas que no vemos venir.

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