Hebe Uhart, la abuela literaria que uno sueña

Hebe Uhart, la autora de Viajera crónica, Un budín esponjoso, Visto y oído, entre otros, acaba de ganar el prestigioso Premio Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas. En esta entrada compartimos algunas de sus respuestas en la entrevista que le hizo  y uno de sus cuentos para el deleite de los lectores.

Dos semanas atrás, un jurado de notables —compuesto por César Aira, Martín Kohan, Alejandra Costamagna, entre otros— decidió entregarle Hebe Uhart el Premio Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas. Este galardón que se da en Chile y está dotado en 60.000 dólares es uno de los más importantes de Sudamérica. Se premia la trayectoria y el aporte al diálogo cultural y artístico de Iberoamérica. Uhart se suma, así, a una lista que integran Rubem Fonseca, Ricardo Piglia, Horacio Castellanos Moya, Margo Glantz y César Aira. “Estoy contenta porque me lo de Bachelet; no me lo da el otro, Piñera”, dice. “Yo prefiero a Bachelet”.

 Siempre, desde chica, tuve buenas críticas. Los únicos que me jodieron por haber escrito fueron los novios.

“¿Cómo se vive el reconocimiento? Depende de las edades”, dice. “En realidad nunca recibí malas críticas. Siempre, desde chica, tuve buenas críticas. Los únicos que me jodieron por haber escrito fueron los novios. Uno me dijo ‘¿Yo a vos te trato mal? Porque vos escribís y yo quiero escribir pero no me ayudás’. Pero él quería ser más burguesito y para escribir, te tenés que desclasar. Tenés que poner las energías ahí, no en optimizar tus recursos. Si ponés las energías en optimizar tus recursos, los optimizás, pero va en detrimento de lo otro que vas a hacer, porque esto requiere más atención”.

—En Visto y oído hay una crónica de un viaje a Córdoba de tu etapa de maestra.

Ese fue un viaje muy interesante a Embalse Río III, que se había hecho para juntar a todos los chicos del país. Yo ahí era vicedirectora de una escuela de Santos Lugares. Los chicos nuestros eran suburbanos, pero prácticamente capitalinos; inmediatamente manejaban el espacio como si fueran los dueños. Los chicos jujeños —porque ahí se veía bien cómo es el país en sus distintas manifestaciones— venían de un pueblo y no habían visto nunca un colectivo. Los maestros los dejaban encerrados y ellos se quedaban quietitos. Había chicos de la villa, de Entre Ríos, del Chaco. Los chicos de Mendoza no le daban bolilla a nadie porque venían de un colegio privado caro. Ahí te das cuenta que la integración forzosa es muy difícil. Yo les decía a nuestros chicos que las chicas jujeñas eran muy lindas. ¿Sabés qué me decían? “¿Usted llama lindo a eso?” Claro, a los 11 o 12 años son crueles.

El cuento prometido: El budín esponjoso.

Yo quería hacer un budín esponjoso. No quería hacer galletitas porque les falta la tercera dimensión. Uno come galletitas y parece que le faltara alguna cosa; por eso se comen sin parar. Las galletitas parecen hechas con pan rallado o reconstituido. Los únicos que saben comer galletitas como corresponde son los perros: las cazan en el aire, las destrozan con un ruido fuerte y ya las tragaron en un suspiro, levantando un poco la cabeza.

Tampoco quería hacer un flan, porque el flan es un proto-alimento y se parece a las aguas vivas. Ni un bizcochuelo borracho, que es una torta ladina. Es una masa a la que se le pone vino; uno va confiado, esperando sabor a torta y resulta que tiene otro; un gusto fuerte y rancio.

El bizcochuelo esponjoso que yo quería hacer era como una torta que comí una vez, que venía hermosamente envasada en una cajita: se llamaba torta Paradiso. En la caja había una figura de una mujer, con un vestido largo: no recuerdo bien si era una mujer y un hombre o una mujer solamente; pero si era una mujer solamente, estaba esperando a un hombre.

La torta Paradiso era tan esponjosa como nunca volví a comer nada igual; no es que se deshiciera en la boca; apenas se masticaba suavemente y uno sentía que todos los procesos de masticación, deglución, etc., eran perfectos. Además no era como las galletitas, que son para comer cuando uno está aburrido; era para pensar en la torta Paradiso alguna tarde y comerla, alguna tarde de lindos pensamientos. Cuando vi la receta “Budín esponjoso”, dije: Con esto, voy a hacer una cosa semejante. Le pedí a mi mamá que me dejara usar la cocina económica para hacerla.

—Ni en sueños —me dijo.

La cocina económica nunca se encendía; era un artefacto negro y grande que tenía una tapa también negra. Nunca supe cómo era por dentro ni cómo funcionaba. No se usaba porque parece que era fastidiosa. Estaba todos los días en la cocina como un fastidio desconocido. Era como el horno para hacer pan; en el fondo había un horno para hacer pan pero yo no vi nunca hacer pan allí ni asar nada. Este era considerado otro fastidio, pero al aire libre. Pero para mí eran diferentes; de la existencia de la cocina económica yo rara vez me acordaba porque era como un mueble. Del horno sí, porque cada vez que me iba a jugar, iba a saltar desde la base del horno (previa mirada adentro, a lo oscuro, ya que estaba, lleno de ceniza vieja, de mucho tiempo atrás) hasta el suelo. Parecía un palomar el horno y si alguna vez habían hecho pan ahí, nadie recordaba y parecía que no quisieran recordar, como si ese horno trajera malos o despreciativos recuerdos. En la cocina económica no era posible que yo hiciera budín esponjoso, en la cocina común, tampoco. Entonces pregunté:

—Puedo hacerla en el galpón?

—Sí —me dijo mi mamá.

Podía hacerlo en el galpón con un calentador.

En la cocina no, porque los chicos enchastran la cocina. En el galpón mi mamá iba a prender un calentador (es peligroso, los chicos no deben manejarlo).

Hice el budín en una cacerolita que por su tamaño ni era apta para hacer sopa ni nada. Yo no conocía a esa cacerolita verde, sería de algún juego anterior cuando yo no había nacido.

Si el calentador era tan peligroso, como decían, yo no sé cómo mi mamá se arriesgaba a darle fuelle con ese inflador. A cada bombeada mi mamá se arriesgaba a ser quemada por un estallido; puede ser que la muerte no le importara.

Como ese budín tenía que dorarse arriba, sobre la cacerolita verde había unas brasas peligrosas. Para esta empresa yo quería que me ayudara mi amiga que vivía enfrente. Desde el día anterior le dije que tenía permiso para hacer el budín esponjoso y quedó en venir. Vino con cara de haber venido por no tener otra cosa mejor que hacer y participó en calidad de observadora reticente. Ella tampoco tenía miedo de la muerte por estallido de calentador y cuando se bajaban las llamas, bombeaba dándose el lujo de dar una última bombeada fuerte, como diciendo “Lista esta merda”. Pero yo advertí que no bombeaba como contribución al budín, sino por el ejercicio en sí, por hacer algo, porque ella estaba acostumbrada a manejar ese artefacto y le resultaba una cretinada que se apagara, por el hecho en sí.

Ya la cacerolita estaba al fuego con el budín esponjoso adentro; pero yo quería ver si ya estaba cocinado; mejor dicho, quería ver cómo se iba cocinando. Igual que un japonés que tenía un vivero y se levantaba de noche para ver cómo crecían las plantas.

Pero no podía levantar esa tapa que estaba llena de brasas; le pregunté a mi amiga y se encogió de hombros.

—Ah, ya sé —Pensé— Con un palo largo.

Agarré un palo largo de escoba y traté de pasarlo por la manija de la tapa; mi amiga me ayudaba, con reticencias. Cuando intentábamos abrirla, vino mi mamá y mi amiga puso cara y aspecto general (lo que además era cierto) de que no tenía nada que ver con esa idea luminosa del palo. Mi mamá supo enseguida que esa idea era mía.

—¡Qué manía! —Dijo— De mirar las cosas crudas, antes de que se hagan! A eso le falta mucho.

Cuando ella se fue, pude levantar la tapa con un palo más fino y pude espiar apenas un momento el pastel. Tuve una idea vaga, pero todavía parecía un panqueque, no tenía la tercera dimensión.

—A lo mejor todavía sube —me dijo mi amiga y me propuso hacer otra cosa mientras. Pero yo no me iba a mover hasta ver qué pasaba.

Al rato lo abrí, ya definitivamente, porque no se podían sacar y poner las brasas a cada momento: el pastel se había puesto de color marrón subido, se había replegado en si mismo en todas direcciones: a lo largo y a lo ancho. Quedó como una factura marrón, de esas que llaman vigilantes.

Mi mamá dijo:

—Es lógico, yo ya suponía.

Yo pensé que para los grandes la confección de soretes era una cosa lógica e inevitable.

Pero yo no lo comí ni nadie lo comió. Usted tampoco hubiera podido comer eso.

 

Novela romántica en notas poéticas, reseña por Verónica Murillo

Notas en el refrigerador se narra exclusivamente mediante notas que escribe un hombre seguro de que el amor es la única verdad, pero confundido hasta en los sueños por la situación de infidelidad en la que se encuentra. Este es el hombre de doble moral, ternura y escritura poética, por el que las lectoras se derriten. Y eso que al momento – la obra esta en construcción – ni si quiera ha sido descrito físicamente. Lo cual alimenta que las lectoras especulen e imaginen en todas las direcciones posibles. 

J. E. Wiser, el seudónimo bajo el cual publica el autor de este libro, ha decido tomar la vida de dos amantes y contarnos las idas y vueltas de estos infieles. Mostrarnos el imaginario de uno de ellos; el hombre, y los sentimientos que este encuentra en su pareja; la amante. Aparece en primer plano el mundo oculto tras las paredes de la lujuria de las parejas extramatrimoniales.

Es una obra con una elevada cantidad de votos y comentarios dadas las lecturas. ¿Responderán estas buenas cifras a que los sucesos relatados y las pecamidades que comete el protagonista con la mujer casada ocurren en lo cotidiano?

Al inicio el libro nos muestra a unos apasionados amantes que se están devorando el corazón  en secreto, sufriendo y luchando contra aquellas ansias de poder gritar al mundo lo que sienten, pero al mismo tiempo mostrándonos aspectos de este par de infieles que te dejan pensando durante horas. ¿Los amantes se aman? La dedicación y belleza con la que este hombre le escribe a la mujer es digna de admirar, la pone arriba en un pedestal haciendo que nosotros los lectores la amemos apenas iniciando el libro. Y que también lo amemos a él, haciéndonos adentrar en sus pensamientos que locamente enamorado le cuenta a ella.

El tiempo dentro del libro avanza rápido junto con una historia que se vuelve cada vez más peligrosa para la comodidad de los amantes y sus respectivas familias. A pesar de que el hombre es el que protagoniza el libro, cabe resaltar que la mujer es ocupa el leit motiv de las notas escritas y dejadas por toda la casa de ella. Refrigerador, cama, mesa, en medio de un libro y otras zonas más.

Por el momento la obra lleva doce capítulos y promete muchos más. Aun siendo breves ya se puede determinar las actitudes y cambios en los amantes. Ambiciosos, renegados, deseosos, manipuladores y exigentes son unas de las pocas actitudes que podemos descubrir por encima.

La escritura del autor es arenosa y especialmente poética. No puedes descuidar un segundo la lectura porque abras perdido el hilo de lo antes leído, el escritor desea inconscientemente que nos hundamos en este mar de palabras, que le prestemos total atención a sus lujurias. La prosa condensada sirve para cumplir el propósito de carta tierna de amor, donde no se puede extender demasiado la longitud sin llegar a lo meloso. Y al mismo tiempo esa condensación levanta un mundo imaginario que sirve a la lectora para completar la historia y hacerla avanzar.

Lo que va del libro es bueno, pero ¿Es atrapante como para leerlo completo? Es una de las dudas que tengo con otros libros, pero en este momento no hay margen a la incertidumbre.

El final no está predicho, la historia da para un millón de finales. La imaginación del autor debe estar corriendo y afinándose por horas para darnos capítulos que estén a la altura de los anteriores, como dije antes, la idea es de algo que se conoce en la vida real, algo que tu, yo, el vecino y el señor de la tienda hemos hecho. Pero la forma de narrarlo es diferente, con sentimientos distintos, con el dolor auténtico, y el amor clavándose en tu pecho al leer las notas que este hombre casado le escribe a su amante.

Me hace pensar ¿Acaso al autor ha engañado? Para escribir palabras tan precisas, sentimientos tan concisos, debes haberte sentido así en algún momento. El dictamen de quien les escribe es que a este libro vale la pena leerlo, aunque nos adentremos en las catacumbas de un amor imposible y quedemos allí perdidos para siempre.

Reseña a “Notas en el refrigerador” por Linda Astwood

Publico una reseña que realizó Linda Astwood sobre mi novela Notas en el refrigerador. Gracias por tomarte el tiempo de esta devolución Linda, valga doble ese sustantivo propio.

18423846_107199069858780_5019736284560680964_n-2.jpg

 

TITULO DE LA OBRA: Notas en el refrigerador

AUTOR: J. E. Wiser

GÉNERO: Romance

 

 

 

La trama se desarrolla a modo de notas las cuales son escritas por un hombre hacia una mujer, no se especifican nombres, ni edades y tampoco hay muchas descripciones físicas, no me han parecido necesarias para disfrutar la historia.

El título dice que son notas en el refrigerador, pero curiosamente solo la primera es ubicada allí, las demás son halladas en otros lugares. Las notas son encontradas por una mujer que es la destinataria de las mismas.

La historia me ha parecido interesante de leer ya que con cada nota podemos ver un poco, no mucho, pero sí lo suficiente de los personajes para adentrarnos en sus sentimientos, mucho más por supuesto en los del autor de dichas notas.

La primera nota no es muy ambiciosa, sigue un ritmo que llamaría “feliz” por el contexto y la comparación ingeniosa que hace de la personalidad o actitud de una mujer por su forma de conducir. A medida que se avanza con la lectura las notas develan un tipo de relación no tradicional, es decir, es una relación que tiene un problema o una prohibición, ya que los protagonistas de la historia tratan de  aprovechar el poco tiempo que tienen de estar juntos.

Toda la carga de la historia está en él, el autor, la chica siempre está en segundo plano, de hecho al principio la voz de ella tiene alguna participación, sin embargo al continuar en la lectura esta intervención de ella se va limitando, esto me gustó, porque le dio fuerza a la historia, guardando misterio acerca de ella, ese personaje del que él se expresa con esa viva emoción.

Debo decir que la forma de escribir del autor me pareció muy ágil, como si cada idea que plasmaba fuera “eyaculada” y valga la palabra. Cada opinión o descripción se siente gutural y franca lo que le da un toque masculino y dinámico que me resulta fascinante de leer.

Encontré excelentes analogías y conclusiones existenciales que me parecieron ingeniosas, es una obra que vale la pena leer y releer, evoca altibajos sentimentales para ser saboreados muchas veces. La obra no tiene desperdicio.

Por otro lado la mayoría de las notas están dirigidas a tocar nuestra parte emotiva y son muy hermosas, cada tanto se tornan físicas, es decir el sentimiento queda a un lado para despertar otro tipo de instintos.

Ahora que la he leído siento que la portada solo refleja la parte feliz, no sé si sea tan acorde, porque la historia me ha parecido más melancólica que feliz, aunque aún no sé lo que vendrá.

Siento que el título es mezquino en el sentido de que las notas de refrigerador no son tan largas como estas que nos regalas. Me imaginé todas cortas como la primera y no fue así.

Estas no son notas de refrigerador, son cartas de amor.

Mis notas preferidas: La nota 10 y la 12, gran final en esta última.

 

¿Ya leíste Notas en el refrigerador? ¿Cuáles son tus notas favoritas?

Origen, algoritmos y misterio en los Wattys

Los Wattys 2017 no llegan solos. Hay entusiastas, histeria colectiva, rumores, vientos de cambios y también hay misterio. Bueno, es un poco un chiste, nadie ha muerto. Pero ciertamente esta semana me tomé el tiempo de hacer algunas entrevistas para despejar las dudas de muchos que participamos de la comunidad latina. Les comparto dos entrevistas que les serán de ayuda. La primera con la precursora de los Wattys en Español, y la segunda con una de las actuales organizadoras.

Captura de pantalla 2017-06-07 a las 12.40.03 p.m..png

¿Cómo se eligen los ganadores de los Wattys?

Esa fue la pregunta que le formulé a una embajadora de wattpad y no supo solucionar sin sembrar más incertidumbre. Ante la falta de una respuestas satisfactoria me contacté con la primera organizadora de los Wattys en Español.

Lado A: orígenes del concurso en español

Para adentrarnos en el tema hablamos con Natalia Alejandra, ex trabajadora como Auxiliar (contratada) y precursora del concurso en la comunidad hispana.

Natalia Alejandra: Yo fui la precursora de los Wattys hispanos. Los Wattys existen desde el 2010, pero solo podían participar historias en inglés. Me harté de esta situación y creé los Premios Wattys en español (se organizaban  desde una cuenta que ahora se llama concursos Watty http://my.w.tt/UiNb/TZCDy9hwLD)

Esto fue a comienzos del 2013. Junto a un grupo de colaboradores organizamos los Wattys no oficiales en el 2014. A raíz de esto más usuarios empezaron a crear sus premios luego, pero esa es otra historia.

En el 2014 Wattpad notó nuestros esfuerzos y apoyó nuestros premios, los que yo organizaba. Fue sponsor (dábamos premios físicos) y nos regaló varias camisetas para los ganadores.

Ya en el 2015 y gracias a estos precedentes, organizaron los primeros Wattys oficiales en español junto con un par de idiomas más. Desde la sede en Toronto.

Y en el 2016 en más idiomas. Tengo entendido que este año habría menos idiomas. Pero mucho más no sé. La organización se da desde la sede, yo solo ayudaba desde que se hicieron oficiales.

El año pasado trabajaba ya para Wattpad como auxiliar de comunidad (contratada). Mi función era entrenar a los embajadores para responder las preguntas de la comunidad.

Jamás tuve poder de decisión sobre los ganadores ni nada por el estilo.

J.: Al principio si, ¿cierto? me refiero a cuando organizaste los no oficiales.

Natalia Alejandra: Sí, pero sólo seleccionábamos los finalistas. La gente luego votaba por sus favoritos. En aquel entonces los oficiales también eran por votaciones. Eso cambió en el 2014, cuando nosotros ya habíamos organizado cómo serían los premios de ese año.

Era por grupos de géneros y en cada uno había categorías lo más popular, en ascenso y gemas sin descubrir, para contemplar distintas clases de historias. Leíamos parte de las historias que presentaban para descartar las que fueran muy desastrosas, y luego yo analizaba cantidad de lecturas por parte, votos y comentarios de cada historia para asignar un puntaje. La calidad tenía otro puntaje más. En base a esto se elegían los finalistas.

Era un proceso muy mecánico y objetivo.

Ahora sé que hasta el año pasado elegían un cierto número de finalistas para evaluar y decidir ganadores pero se hace mediante algoritmos que analizan datos de forma automática y luego empleados de la sede ven las historias para elegir ganadores.

Los que trabajan en sistemas sabrán.

Depende de cada categoría. Por ejemplo la de coleccionista tenía las historias que más veces fueron agregadas a listas de lecturas. Eso se sabe mediante los datos. Dará las más agregadas de cada categoría y de ahí eligen.

En algunas categorías es más complicado, por ejemplo: gemas sin descubrir. Son millones de historias nuevas que podrían tener potencial. Es una lotería. Entonces sucede que miles de historias que valen no habrán sido evaluadas porque el sistema no las escogió y porque no pueden evaluar a todas. Ojalá este año busquen una forma de seleccionar mejor.

J.: Un considerable porcentaje de embajadores tienen premios en los Wattys, esto ha generado un rumor de presunto favoritismo entre los demás participantes. ¿Qué opinión tienes al respecto?

Natalia Alejandra: Muchos embajadores tienen historias muy leídas y muy buenas. La mayoría de las veces alcanzaron esto antes de ser embajadores. Incluso hay embajadores que ganaron Wattys antes de ser parte del equipo. Sí podrían tener mayores posibilidades de ganar en las elecciones del personal, que es una de las categorías donde el personal de Wattpad elige sus historias favoritas. Y al ver más a los embajadores tienen una mayor predisposición a leer sus historias. Esto no quiere decir que haya favoritismos, pero sí es cierto que podrían tener más visibilidad. En lo demás es pura suerte.

J.: ¿Por qué crees que no dicen quienes son los jueces que deciden entre las finalistas?

Natalia Alejandra: Porque son empleados de Wattpad, no son jueces ni nunca se indica que lo sean. Solo basta con ir a la lista de empleados y ver quienes hablan español.

J.: Aunque no lo digan, son jueces por hecho. Están decidiendo ganadores.

Natalia Alejandra: hasta el año pasado se indicaba que era un “equipo editorial en la sede”. En realidad no se juzga demasiado. Siempre se puso el mayor peso a los datos y estadísticas. Quizás este año no sea así pero ya se sabrá.

J.: ¿Por qué dejaste la organización?

Natalia Alejandra: A mí me echaron de mi puesto el 26 de abril. Mi puesto era auxiliar de comunidad y estaba a cargo de los embajadores. Fue por desacuerdos en las condiciones de trabajo por lo cual decidieron que era mejor prescindir de mis servicios y en mi lugar contrataron a Gabriela Cabezut.

Ella es la nueva auxiliar hispana aunque muchos no la conocen porque no formaba parte de nuestra comunidad, en realidad. Fue embajadora por muchos años pero en el equipo, es mexicana pero escribe en inglés. Fue una sorpresa para el equipo hispano pasar a ser liderado por alguien que conocía poco de nuestra comunidad.

J.: ¿Hay otra persona en la misma que vos?

Natalia Alejandra: Mmm no. Yo era la única auxiliar para nuestra comunidad. Por ahí embajadores que dejaron el equipo por estar disconformes después de que me echaran a mí (nadie estuvo contento pero se quedaron la mayoría porque querían seguir siendo de ayuda para la comunidad).

Son cosas que pasan, pero no imaginaba que esto pasaría después de todo lo que di por la comunidad. Fue justamente por esto que me buscaron y hasta viajé a Toronto en julio del 2015 y a México para la feria de Guadalajara en diciembre pasado. Pero bueno, las empresas funcionan de este modo.

 

Labo B: la actualidad de los premios, 2017.

Después de hablar con los embajadores que me respondieron con muchas buenas intenciones pero sin demasiada información, me contactó Gabriel Cabezut por Wattpad (quien ocupa ahora el puesto que fue de Natalia Alejandra). Aproveché para repetir mi pregunta. Acá la respuesta.

Gabriela Cabezut: Hola. Soy la Auxiliar de la Comunidad de habla hispana y me comentaron que tenías muchas dudas de los Wattys. ¿Te puedo ayudar en algo?

J.: Hola Gabriela. Sí, me interesaba saber un poco más acerca de su organización, jueces, y criterios de elección. Simplemente para escribir un artículo y despejar dudas a los participantes.

Gabriela Cabezut: Creo que hablaste con Aura, Wilma y Ann? jajaja no sé si tengas más dudas…

J.: Sí, para ser sincero no respondieron mis dudas. Repitieron la misma no-respuesta. “Información confidencial”, “es imposible tener jueces”, etc…

Gabriela Cabezut: jajaja ok, la manera en la que se califican las historias es así: Wattpad tiene ciertos algoritmos (soy cero técnica entonces no tengo ni idea de cómo funcionan) que escogen un número de historias en base a X valores que se les dan. Estas historias se pasan a un equipo de personas que se entrenan desde la sede y que tienen una rúbrica con valores, y se lee cada historia, llenando esta rúbrica, y al final las historias con mayor puntaje son las que ganan. No hay un primer lugar, sino un número de historias por cada categoría. Nadie sabe cuál fue la que tuvo mayor puntaje o no, sino que fueron las más altas.

No se nombran “jueces” porque en realidad es un trabajo en conjunto entre el software (algoritmos) y el equipo que la sede ha definido.

J.: ¿Y tenes idea de por qué motivo no dicen quién es el equipo que la sede define?

Gabriela Cabezut: Porque te imaginas la presión que estas personas tienen? Tienen en sus manos las mejores historias de millones de personas. Si la gente sabe quienes son, les mandarían diez mil mensajes, les estarían preguntando qué historias llegaron a la última ronda, etc. Tienen que leer las historias de manera objetiva y debe ser en sí, un trabajo bajo presión, no necesitan la presión de los millones de usuarios de Wattpad.

Y se hace así en cierto modo para poder ser más justos, para que la gente no sienta que “tiene que quedar bien con x o y” sino que puedan leer las historias y calificarlas de acuerdo a los estándares que se piden, de manera justa y equitativa, basándose en las historias, no en las personas que las escribieron.

 

Breve opinión personal de quien les escribe

Primero el dato del despido que surgió de la charla con Natalia Alejandra, y que en verdad es triste descubrir que Wattpad no supo valorar sus capacidades. Creo que habría un gran consenso al decir que pocas personas han hecho tanto por la comunidad como Natalia.

En relación al tema principal debo admitir que la franqueza de confesar que utilizan un algoritmo y preponderan los datos y las estadísticas me llama la atención. Al mismo tiempo que se desentienden del proceso final de selección, donde se ejecuta – quiérase o no – una acción de juzgar las obras preseleccionadas por el “algoritmo”. Habla esto de un nivel de organización muy precario y al mismo tiempo permisivo. ¿A nadie tienen que rendir cuentas?

Supongo que mi curiosidad ayuda, pero les pregunto a ustedes ¿No les causa intriga saber cómo funciona este algoritmo? ¿Soy el único que piensa que los números y estadísticas tienen muchas formas de leerse? ¿O que sería legítimo y validaría más al concurso si se conociera el jurado que dictamina cuales obras son las premiadas? ¿No creen que los usuarios se merecen más transparencia?

 

Más info

Por el momento queda esperar al 15 de junio para saber más sobre el concurso. He aprovechado este tiempo muerto para mandar algunas solicitudes de entrevistas a la sede de Wattpad en Toronto. Al mismo tiempo estoy esperando respuesta de la encargada Catalina Merchán, superior de Gabriela Cabezut, quien seguro podrá informar con precisión sobre los temas expuestos.

Mientras tanto propongo que mantengamos un diálogo abierto sobre los Wattys 2017, con el propósito de echar luz sobre estas preguntas y otras que puedan surgirles. Siempre con respeto, seriedad y rigor profesional. La comunidad es de todos.

Ya saben, nos leemos en los comentarios o en el chat.