Seis poemas de Roberta Iannamico

Como Gepetto En la panza de la ballena enciendo una vela para escribir las costillas son un arcoíris sin color un templo donde escucho mi propia voz afuera el mar baila solo. Hermanos contra el monstruo Los hermanos Foster Billy y Johnny Foster acamparon en lo profundo del bosque. Cocinaban en el fuego y lavaban... Leer más →

“Fósforos quemados” de José Edgardo Diaz ya está disponible en preventa

Nos entusiasma saber que estamos a pocos días de entrar a imprenta con el primer libro de nuestra colección de poesía. Hace unos meses nos preguntábamos si era posible sortear las dificultades económicas de la Argentina y apostar por la poesía. Sí, es posible. Es posible gracias a tu apoyo. Al apoyo de los lectores, suscriptores y activistas de la página pidotiempo.com. Son sus energías y ganas las que lo hacen posible. Si estuviéramos solos esto sería imposible.

¿Cómo se come esto? y otros poemas de Gerardo Montoya

Un 50 Tengo un amigo fotógrafo que hace ya dos ocasiones me incita a comprar entusiasmado un 50 para registrar lo cotidiano y recallearlo como feliz. Todos los poemas hablan de America habla del faso Micheal Robbins escribe fumado escuchando a Cannibal en la merienda acompañado de Perdita, su gato otro cliché agorafobias compartidas Borges,... Leer más →

Gracias a la vida, de Violeta Parra

Gracias a la vida Gracias a la vida que me ha dado tanto. Me dio dos luceros, que cuando los abro perfecto distingo lo negro del blanco, y en el alto cielo su fondo estrellado y en las multitudes al hombre que yo amo. Gracias a la vida que me ha dado tanto. Me ha... Leer más →

Poemas de Vicente Luy

Llueve y alguien está diciendo “llueve”.  Si me equivoco contradíganme con amor, porque con amor digo. Si erro pónganme maestros, que luego yo les enseño,  porque con amor hago. O ustedes, ¿Por qué creen que llueve; porque hace falta?  ¿creen que llueve porque sí? ¿por qué carajo creen que  llueve? Llueve; y no sólo eso;... Leer más →

Poemas a la muerte, de Emily Dickinson

45 Hay algo más tranquilo aún que el sueño en esta habitación de dentro. Una ramita lleva sobre el pecho — y no dirá su nombre. Hay quien lo toca, y quien lo besa — hay quien aprieta su mano impasible — Posee una sencilla gravedad que me resulta incomprensible. No lloraría yo si fuera... Leer más →

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