Escuchar críticas o estancarse

En otra entrada hablamos sobre los borradores y su compleja relación de enemigos íntimos. Supongamos que después de muchas relecturas y correcciones tenemos nuestro primero manuscrito terminado. ¿Qué sigue? Ofrecerlo en bandeja para que otros lo destrocen.

Para la clase de hoy sirve recordar esa línea imaginaria del narcisismo que divide a los escritores en dos tipos: los que nos se cansan de repetir que sólo escriben para ellos mismos y los que escriben para un otro y quieren generar algo en concreto. ¿Generar algo en concreto? No hablo de una casa, me refiero a una emoción, un estado ánimo, una reflexión, un conflicto, una duda existencial, etc.

Estos segundos son los que me interesan, por el simple hecho de que les afecta lo que pueda producir su obra en el receptor. Están atentos a las devoluciones, ven donde pueden mejorar, están hambrientos y no dejan de explorar su técnica.

La crítica tiene que ver con una lectura, con una forma de interpretar un texto dado. El primero en hacerlo es el mismo escritor. Pero después este proceso debe extenderse para salirse del hermetismo y continuar su enriquecimiento. No se trata de una obsesión con el lector y el síndrome del lameculismo de escribir algo que le caiga bien al público o “que venda”. ¿Cuántos buenos escritores se pierden en los géneros por ese síndrome?  Por otro lado la crítica es algo muy distinto a un trabajo de edición o corrección profesional, si tu búsqueda va por ahí te recomiendo que investigues empezar un taller.

Escuchar al lector es clave. Ceder la propia escritura en pos del lector es la perdición. En el medio de esos extremos hay una cuerda por la que hay que transitar haciendo equilibrio y a veces también malabares.

Se trata de aprender a escuchar una devolución y usar ese material para corregir el rumbo y llegar a donde planteamos al comienzo. Muchos lectores tienen una especie de sexto sentido para darse cuenta si algo funciona o no. Y así como tienen ese talento para encontrar Problemas, creen que tienen la llave para solucionarlos. Pero no, lo clásico es que cuando empiezan a proponer Soluciones transpiran su espantosa virginidad narrativa por los poros. Un repelente que a veces desemboca en peleas y enojos de por vida. Sobra decir que no es recomendable llegar a ese extremo. Sobre todo cuando tenemos al frente a un lector con criterio y honestidad para decir lo que piensa. Estas criaturas criteriosas están en extinción, más vale cuidarlas.  Lleva tiempo entablar una relación de confianza con el lector y hacer que funcione.

Te recomiendo ir a la búsqueda de las críticas. Ejemplo: invitar a tus seguidores a dar una devolución. Esto se traduce en más ojos marcando por dónde podría ser.

Digo Podría ser porque es importante mantener el condicional de que estamos recibiendo la crítica de una persona que quiere construir y no simplemente destruir y esparcir su odio.

Si tenes un blog (deberías tenerlo) la regla de oro es siempre responder los  comentarios. Aunque lo que te escriban sea tan parco como un “Me gustó la historia”. Lo podes saludar e invitar a ser más incisivo, a veces los lectores de blogs son temerosos a participar con una crítica. O no quieren decir algo que no les gustó del texto para no ofender al escritor. El hecho es que los necesitamos. Nadie tiene más gusto de recibir críticas que los escritores noveles. Bajo este mismo principio es que si comentas con criterio en blogs de temas similares vas a ver que te devuelven el comentario.

Si lo único que tenes son trolls, bueno, por lo menos estas generando algo. Ya vendrán lectores que puedan expresar mejor su cariño. No te olvides de lo que dice George Steiner:

La crítica literaria suele proceder de déficit de amor.

Un detalle lateral de pedir críticas, será mejor que pienses en que lugar lo haces, en mi experiencia los familiares jamas se abstienen de la oportunidad de criticar y mechar entre líneas algunas cuestiones personales.

En cualquier caso, mantenerse de pie y escuchar (o aprovechar para practicar la paciencia y el arte zen) representa un crecimiento para el escritor. Las cosas no salen perfectas a la primera, es bueno tenerlo presente.

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Personajes, los percutores de la literatura

Partamos de la base: todo lo que se pueda conocer a nuestros personajes es poco. No hablamos solo de los protagonistas, para los que sin dudas esto se aplica al pie de la letra, sino que es un principio general de cualquier historia. Si un personaje entra en escena es por algo. Responde a una intención y tiene, desde lo narrativo, un objetivo determinado. 

Si estudiamos sus intenciones y contradicciones fundamentales les vamos a poder dar textura, profundidad y vida en la imaginación de los lectores. La tensión de un personaje gira alrededor de sus  intenciones y contradicciones; si las conocemos con precisión el resto de los detalles (las formas, las manías, los actos repetitivos, las muletillas, el tono de voz, etc.) van a aparecer solos y con coherencia.

Cuidado con describir la vestimenta y lo que reviste superficialmente al personaje, recordemos a Stephen King cuando dice “no estás vendiendo ropa, tío”. Una descripción exterior demasiado larga es un lujo del que el lector prescinde. Lo importante es que se conozca quién es el protagonista, qué lo motiva y cuáles son sus planes.

Les comparto como un maestro hace de la superficie un hueco donde meter una historia. Lo que sigue son las primeras dos oraciones del cuento “La forma de la espada” de Jorge Luis Borges:

“Le cruzaba la cara una cicatriz rencorosa: un arco ceniciento y casi perfecto que de un lado ajaba la sien y del otro el pómulo. Su nombre verdadero no importa; todos en Tacuarembó le decían el Inglés de La Colorada.” 

La imagen que se forma en la mente del lector lo es todo. El ruso Iván Turguénev decía que nunca empezaba un relato sin tener una imagen clara de sus personajes. ¿Si no la tenía él, cómo la iba a tener el lector? De esa manera se aseguraba que sus personajes cobraran vida.

El otro punto fundamental es el plan o trayecto por donde van a moverse nuestras criaturas. Es importante que el personaje actúe por su propia voluntad. Horacio Quiroga en su célebre Decálogo del perfecto cuentista habla sobre esto.

“Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos no pueden o no les importa ver. No abuses del lector.”

No obligues a los personajes a hacer algo de lo que no están  convencidos o verdaderamente dispuestos a hacer. Dejalos fluir por el camino que les dibujaste. Si están vivos ellos te van a sorprender, si no te sorprenden, desconfía. 

La voz de los personajes es su música.

Los personajes hablan, pero nunca dicen todo, (además de pedante esto es imposible). En la música ocurre igual; se combinan sonidos con silencios, si solo fueran sonidos sería ruido. La voz se crea también en los silencios.

Algunos personajes dicen más de lo que hacen. Otros hacen más de lo que dicen. Los hay también tímidos y silenciosos, o simplemente silenciosos. En cualquier caso hay voces. Los personajes son eso que dicen o callan. Prestarle atención a sus voces es descubrir de lo que están hechos por dentro.

¿Cómo habla? ¿Cuáles son sus maneras y modos? ¿Qué palabras repite? Pocas cosas definen más rápidamente a una persona que su forma de usar el lenguaje. Si han trabajado con entrevistas a esto ya lo saben.

Lo que nos diferencia de los animales es el lenguaje: podemos hablar. Darle a los personajes una voz es esencial. Y si además conseguimos una voz seductora les aseguro que la atención del lector será de principio a fin.

¿Y si no habla? Hacemos con eso. Explorar qué se dice en los silencios puede ser tan abridor como una frase perfecta.

Veamos uno de los silencios más importantes de la literatura occidental, extraído de la biblia, cuando Jesús está ante Pilato (S. Juan 18:38). Lo transcribo como líneas de diálogo de una obra de teatro para que se entienda mejor. Espero que ningún creyente se enoje.

Pilato: ¿Eres tú el Rey de los judíos?

Jesús: ¿Dices tú esto por ti mismo, o te lo han dicho otros de mí?

Pilato: ¿Soy yo acaso judío? Tu nación, y los principales sacerdotes, te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?

Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí.

Pilato: ¿Luego, eres tú rey?

Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz.

Pilato: ¿Qué es la verdad?

Ahí termina el diálogo. En serio, ahí termina. No hay respuesta de Jesús a la pregunta de Pilato. Hay un vacío, un silencio. Quizá el silencio más importante de toda la biblia. Pero ese silencio nos está hablando en distintos niveles de sentido. Si el personaje no habla puedo ver qué hace, cómo se mueve, a dónde mira. Si tuviera que escribir el guión de ese pasaje le agregaría una descripción de la cara incómoda (¿o incrédula?) que hizo Jesús cuando Pilato le preguntó sobre la verdad.

A grandes rasgos existen dos posiciones que toma el escritor con sus personajes. O son sus hijos preferidos o son unas criaturas horribles que le llegan de afuera, con las que solo tienen una relación profesional, cuasi exorcista.

El tema es que para que cobren vida nos vamos a tener que acercar a los personajes emocionalmente. Para esto hay que entrar dentro de sus mundos de la manera más liviana posible. Es decir, sin llevar nuestros propios prejuicios o juicios de valor. Si entramos cargados de las convicciones propias no vamos a encontrar las del personaje.

En esto la escritura se vuelve parte del círculo vicioso de conocerse a uno mismo. Si están empezando a escribir y lo hacen sobre su propia vida les recomiendo concentrarse durante un tiempo en la infancia. ¿Cuál es tu primer recuerdo de la infancia? ¿Cómo fue tu llegada al jardín de infantes? ¿Cuál era tu juego favorito? ¿Quiénes eran tus amigos/enemigos?

Hay que adquirir un yo elástico, múltiple e infinito. A fines exploratorios la pregunta ¿quién soy? es igual de válida que la de ¿quién no soy? El ser escritor tiene que ver con el coraje de aceptar esa convivencia. 

Les recomiendo leer y hacer entrevistas. Son realmente una herramienta magnífica a fines de conocer los discursos de las personas. ¡Y están bien vistas! Es decir, en general los narcisismos de nuestra época son tan fervientes que nadie se niega a dar una entrevista.

No hace falta que sean celebridades. ¿A quién le interesan las celebridades? Para que el personaje conecte necesito ver su humanidad en lo cotidiano. No es que vayamos escribir una rutina (a los guionistas de hollywood esto les encanta) pero necesitamos algo de sustento cotidiano para convencer al lector que le contamos una historia verídica. O verosímil si trabajamos la ficción. Cuanto más fantásticos sean los personajes más hay que trabajar el efecto de verosimilitud. Stephen King escribe 30 páginas sobre la rutina de un pueblito donde no pasa nada antes de meter al monstruo que rompe todo.

Para cerrar un consejo práctico: no cometan el error de poner un nombre sin pensarlo un buen rato. Sométanlo a pruebas. Los personajes atraen por su nombre un aura que es innegable. Es inconsciente colectivo, un apellido ruso despierta en el lector algo distinto a un apellido guaraní.

Busquen la complejidad y lo particular, que de la idealización ya está  encargada la publicidad y hollywood. Hagan monstruos, confeccionen sus pequeños Frankensteins con amor y pasión. Y sobre todo,  con una sonrisa de diversión. 

Borradores, el amigo molesto pero indispensable del oficio

Si hay algo que no existe es un escritor sin borradores. César Aira dice que no corrige sus novelas. Es parte del marketing y toda esa fiesta que se hace alrededor de los genios, pero no le creo ni una palabra. Los borradores son el taller donde se trabaja la narrativa hasta dejarla a punto. Si no usas borradores lo que estas haciendo es un diario íntimo, una publicación en facebook, una descarga emocional, entre otras tantas posibles, que desde el punto de vista narrativo están llena de errores. Pueden funcionar, en especial si tienen humor o hay una voz que seduce por su propia inmadurez o espontaneidad, pero si tu idea es mejorar como narrador tenes que corregir.

Para eso son los borradores. El loop consiste en escribir, borrar, corregir, reescribir, borrar, reescribir, etc. Eventualmente llegar a publicar.

Es cierto que los borradores tienen mala fama. Para comenzar se los mira como una perdida de tiempo; todo lo que se escriba y no se publique es un desperdicio. O se cree que estandarizan los textos. O hacen que el escritor se aburra. Los borradores no tienen la culpa de que el escritor se aburra. Un borrador no es una línea de puntos sobre la que se dibuja una figura.

Hay varios tipos de borradores según la etapa evolutiva del texto. En un primer momento está el cuaderno de notas, ideas, tramas y personajes. Pueden ser frases o pequeños retazos de conversaciones que sirven como disparador. Incluso reflexiones o preguntas. Pienso en la película de Alien, que introdujo a la ciencia ficción en el mercado de masas, y la idea se vendió bajo un concepto tan simple como “Tiburón en el espacio”.

Chejov registra en uno de sus cuadernos de notas:

“Un hombre, en Montecarlo, va al casino, gana un millón, vuelve a casa, se suicida”.

En la contradicción de esa oración hay un cuento. Con esa premisa podemos dar paso a un segundo borrador donde los personajes actúan, se fisuran y drenan líquido dramático a lo largo del texto. En este segundo momento hay escuelas para todos los gustos y tipos de escritores, que tienen que ver con el estilo propio de cada uno y cómo la historia pasa de la imaginación al papel.

En mi caso soy bradburiano. Ray Bradbury decía:

Date prisa, no te muevas. Es la lección de la lagartija. Para todos los escritores. Cualquiera sea la criatura superviviente que observen, verán lo mismo. Saltar, correr, congelarse. En su capacidad de destellar como un párpado, chasquear como un látigo, desvanecerse como vapor, aquí un instante, ausente en el próximo, la vida se afirma en la tierra.

Lo que dice Ray es que suelten toda la historia como se les venga a la cabeza. Háganlo a saltos, dense prisa, que se les escapa. Láncenla, dice, que si la piensan demasiado se volverá fría. Una técnica propia del surrealismo.

En ese punto el consejo más importante que te puedo dar es que llegues al final. No te quedes en el medio de la carretera con el personaje varado, sin saber qué hacer, pensando que la historia te ha dominado. Siempre pasa que las historias nos quieren dominar. A menudo lo consiguen. ¿Qué tiene de malo? Dejá que te dominé, dejá que aparezcan dinosaurios, extraterrestres y que despierten a las doncellas de hierro de abajo de la tierra.

Ya tenes una primera idea en la cabeza, ahora dejá que la imaginación se desencadene. No le pongas palos en la rueda. Ya llegará el momento de la tijera y el recorte, pero en ese primer borrador lo mejor es ser algo inconsciente y hacer como que todo va de maravillas.

Cuando la técnica de fluir no funciona, ya sea por la complejidad de la trama, por los conflictos que se diluyen sin conseguir un final convincente u otros, la sugerencia es pensar escenas y momentos que son puntos sin retorno en la historia. Es otro tipo de borrador, uno que resume los giros principales que ocurren en la obra. Este borrador de escenas es muy usado por los guionistas de cine, donde la acción y el conflicto es la regla de oro. Se lo hace fácilmente si uno conoce las intenciones, las contradicciones y las etapas de desarrollo de los personajes. La textura de los personajes es lo que seduce al lector. Son estos los que generan identificación y marcan un camino y un ritmo para llegar del punto A al B, pasando en el medio por X, Y, Z, etc. Puede ser que el personaje nunca llegue del punto A al B, puede ser que en el medio descubra un delirio más interesante y la aventura se desvíe en esta dirección. Pero hay un plan que está empujando hacía un curso de acción. Ese curso de acción es una brújula dentro de la historia, no es infalible pero es lo mejor que hay disponible en el mercado. Hacer un borrador con ese itinerario de viaje puede darte un gran empujón para escribir.

Cuando la historia llega la final tenes listo tu primer borrador oficial. Felicitaciones, es un lindo momento. Dura poco pero se siente un gran placer, algo difícil de transmitir a los que no están en el oficio de la escritura o la sala de partos de un hospital. Realmente hace valer todo lo que sufriste en el camino e incluso lo que sigue a continuación, aunque no de inmediato. Lo mejor es dejar el borrador levar en soledad. Esperar un tiempo, salir del encierro, tomar un poco de sol, devolver las llamadas perdidas, etc. Mirar la criatura a los ojos en ese mismo instante que acabas de terminar su confección es un error. Hay demasiada intimidad y apego. Conviene ir ir por sexo, buscar algo de exceso, despegarse, cortar la relación. Pensar en otras cosas. Ver los horribles noticieros. Recién entonces volver con un marcador y una motosierra para descuartizar todos los personajes que sobran y las arboledas que no agregan nada relevante. Bueno, podes dejar algunos árboles sueltos, por puro placer estético, pero no vas a querer dejar un bosque donde el lector se pierda.

El trabajo de corregir puede ser cansador pero es más sencillo que el de escribir el primer borrador. Hay una material con problemas concretos para corregir. Se puede podar un bosque entero con los auriculares puestos. En ese momento suelo pensar en Ernesto Sábato como una guía ética para el podado.

Un buen escritor expresa grandes cosas con pequeñas palabras; a la inversa del mal escritor, que dice cosas insignificantes con palabras grandiosas.

Cuando me cuesta borrar, porque me he enamorado demasiado de un personaje o incluso de una oración, repito las palabras de Picasso.

Todo acto de creación es en primer lugar un acto de destrucción.

Y shac. Se acabó el problema. Es lo más normal del mundo que con tanto machete haga falta escribir de vuelta. Lo cual es, a mi criterio, un buen signo. Si los borradores sirven para algo son para escribir más y mejor. Como dijimos al principio; el loop consiste en escribir, borrar, corregir, reescribir, borrar, reescribir, etc. Eventualmente llegar a publicar.

La ficción es el energizante por excelencia

¿Por qué existen los escritores? ¿A qué se remontan? ¿Por qué hay tantos? Esas y otras preguntas buscan respuestas en esta entrada.

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Mi abuelo Edgardo se echaba en una reposera debajo del níspero de casa, encendía un cigarro y empezaba a contarme sus historias. Una especie de Alberto Laiseca pero autoreferencial y al aire libre. Mi abuelo tuvo un arranque difícil; a los ocho años perdió a su hermano y quedó solo ante la sombra fría del padre, adicto a los negocios. No es extraño que en cuanto veía la posibilidad se escapaba de su pueblo para aparecer  semanas después, cuando ya no le quedaban cartas bajo la manga o Ya Estaba Demasiado Cansado. Nadie sabía cómo hacía para sobrevivir hasta que contaba sus historias. Yo tenía cinco años cuando murió de cáncer de pulmón, y sin embargo tengo numerosos recuerdos de él, principalmente por sus historias y la forma de contarlas. Sus pausas, la voz grave, la risa, las preguntas que eran como un juego de adivinanzas.

Es difícil hablar de la existencia de los escritores sin mencionar la memoria. Aunque sea de paso, hay que citar a Jorge Luis Borges, en uno de los temas que siempre lo persiguió.

Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos.

Probablemente la cita sea doblemente valida para un escritor, que va en busca de la profundidad y se dedica al entramado de distintos recuerdos y voces del pasado.

La imagen de mi abuelo Edgardo narrando sus viajes me remonta a la época de las cavernas, cuando los hombres se reunían alrededor de un fuego a compartir una ronda de historias. Unos contaban lo que habían visto al sur, otros refutaban con lo que habían encontrado al norte. El resplandor del fuego se iba apagando y al final los hombres dormían profundamente, como si hubieran agotado todo lo que tenía para darles el día.

¿Por qué tantos miles de años después seguimos manteniendo ese ritual? El fuego ha cambiado; ahora es la televisión, el cine, facebook, instagram, un blog (los blogs no han muerto). El fuego sigue ahí; más vivo que nunca, las 24 horas encendido. ¿Por qué esa necesidad de escuchar narración todo el tiempo?

Nos une. El compartir la lengua y el entender la historia que nos llega del otro permite, al menos durante un rato, vivir un poco menos solos. Una buena historia revela la poesía del mundo y nos seduce, abriendo las puertas a una existencia más plena. Dice Paul Auster:

Necesitamos desesperadamente que nos cuenten historias. Tanto como el comer, porque nos ayudan a organizar la realidad e iluminan el caos de nuestras vidas.

Hoy día las audiencias están algo enloquecidas o aprisionadas en una demanda de que todo tiene que causar risa. La dictadura de la diversión. Si no divierte no sirve. Aunque no tengo nada en contra del humor, me gustaría decir que es una dictadura perversa, como todas a las que nos somete la cultura de la época. Insisto en que hay otras formas de seducir. Algunas que necesitan de una inversión mayor de tiempo antes de ofrecer la recompensa. La intriga, el terror, el asombro, etcétera.

El drama es la raíz del dilema. Si uno presta atención en las interacciones cotidianas descubre que estamos rodeados de escenas dramáticas. Ejemplo. Tenemos que llegar al trabajo en un día de lluvia. ¿Qué ocurre cuando llegamos? Se lo contamos a alguien. Y aunque todos están contando más o menos la misma historia lo aceptamos gratamente. Aceptamos esas dosis de dramatismo porque hacen que la repetición cotidiana sea más tolerable. No me cuesta imaginar que en la era prehistórica también los cavernarios hablaban del clima hasta dar con un mejor tema de conversación.

Esa energía dramática que nos rodea es un combustible elemental para mover cualquier historia. Los escritores son vampiros, dice George Bernard Shaw:

La literatura es una extraña máquina que traga, que absorbe todos los placeres, todos los acontecimientos de la vida. Los escritores son vampiros.

Para José Saramago:

Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor.

Lo que rescato de Saramago es que aprovecha la capacidad de transformación que ofrece la ficción. Los textos, en la medida que son comprados como reales por el que los escucha o lee, comienzan a modificar lo real. Quizá podemos modificar la realidad en la medida en que modificamos la ficción.

Don Quijote y su cruzada es probablemente quien mejor ejemplifique esta idea. 

¿Por qué existen los escritores? ¿Por qué hay tantos? La respuesta corta: simplemente porque la ficción nos energiza.

 

La búsqueda de lo imposible

Espero que los lectores de este blog encuentren herramientas y formas útiles de pensar el oficio del escritor, mientras conocen la historia de un escritor que como tantos otros busca lo imposible. Básicamente de eso se trata este espacio; reflexionar sobre la escritura y su proceso creativo. Incursionar en distintas lecturas, ofrecer una variedad de textos que nos atrapen y enseñen otras formas de leer.

El gran Kellar

El gran mago Kellar.

El sitio de Pidotiempo está dividido en dos categorías; BlogTaller. En el blog se trabaja sobre algunos conceptos de la narrativa y la poética. El mercado y los distintos fenómenos a los que se ve expuesto un escritor indie en la actualidad. Se da prioridad a la sinceridad respetuosa, conocida también como ironía, que a menudo desembarca en la risa. Las preguntas y la conversación con los lectores y otros blogs es necesaria, enriquece, por lo que siempre se alienta a usar los comentarios. En ocasiones pueden aparecer reseñas y críticas a libros, series o películas, pero siempre la atención está enfocada en cómo funciona el texto, es decir, cómo está escrito.

Algunos de los temas que se desarrollan son el hábito de escribir, la pasión, las ideas, la frustración, la hoja en blanco, la estructura, el conflicto, el arco dramático, los personajes, el diálogo, la investigación, los borradores, los finales, la edición, los concursos, etc. La búsqueda es ser exhaustivos con los temas en cuestión pero al final del día siempre depende del que tiene el lápiz en la mano, o los dedos en el teclado, es decir, del escritor. Al final enseñar a escribir es una utopía, una encantadora utopía.

En la pestaña de Taller van a encontrar cuentos, poemas, ensayos, novelas y demás contenidos de diversos autores consagrados para leer y disfrutar. Esa sección se utiliza principalmente para subir el material que los alumnos del taller de escritura necesitan estudiar. El taller de escritura funciona de manera personalizada y es abierto a todos los niveles, podes leer más sobre el mismo clickeando acá. El arancel que se cobra por el taller cubre la asistencia personalizada y la corrección de los textos entregados por el alumno.

Un último dato antes de cerrar. Habitualmente las publicaciones en la sección Blog ocurren los jueves. Mientras que las entradas en Taller son azarosas y pueden ocurrir cualquier día.

Bienvenido a pidotiempo. No voy a extorcionarte para que pongas seguir este sitio, me resulta horrible cuando alguien obliga a sus lectores a hacer algo. Pierde la magia de la autenticidad. Es mucho mejor que nazca de uno mismo. Salvo cuando no nace -.-