14 poemas de amor para el día de los enamorados

A razón de San Valetín o el día de los enamorados dejamos un mapa arbitrario de 14 poetas que escriben al amor.


Miguel Hernández

A mi gran Josefina adorada

Tus cartas son un vino 

que me trastorna y son 

el único alimento para mi corazón.

Desde que estoy ausente 

no sé sino soñar,

igual que el mar tu cuerpo, 

amargo igual que el mar.

Tus cartas apaciento 

metido en un rincón 

y por redil y hierba 

les doy mi corazón.

Aunque bajo la tierra 

mi amante cuerpo esté, 

escríbeme, paloma, 

que yo te escribiré.

Cuando me falte sangre 

con zumo de clavel, 

y encima de mis huesos 

de amor cuando papel.


Pablo Neruda

Poema 5

Para que tú me oigas

mis palabras

se adelgazan a veces

como las huellas de las gaviotas en las playas.

Collar, cascabel ebrio

para tus manos suaves como las uvas.

Y las miro lejanas mis palabras.

Más que mías son tuyas.

Van trepando en mi viejo dolor como las yedras.

Ellas trepan así por las paredes húmedas.

Eres tú la culpable de este juego sangriento.

Ellas están huyendo de mi guarida oscura.

Todo lo llenas tú, todo lo llenas.

Antes que tú poblaron la soledad que ocupas,

y están acostumbradas más que tú a mi tristeza.

Ahora quiero que digan lo que quiero decirte

para que tú las oigas como quiero que me oigas.

El viento de la angustia aún las suele arrastrar.

Huracanes de sueños aún a veces las tumban

Escuchas otras voces en mi voz dolorida.

Llanto de viejas bocas, sangre de viejas súplicas.

Ámame, compañera. No me abandones. Sígueme.

Sígueme, compañera, en esa ola de angustia.

Pero se van tiñendo con tu amor mis palabras.

Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas.

Voy haciendo de todas un collar infinito

para tus blancas manos, suaves como las uvas.


Idea Vilariño

No te amaba

No te amaba

no te amo

bien sé que no

que no

que es la luz

es la hora

la tarde de verano

lo sé

pero te amo

te amo esta tarde

hoy

como te amé otras tardes

desesperadamente

con ciego amor

con ira

con tristísima ciencia

más allá de deseos

o ilusiones

o esperas 

y esperando no obstante

esperándote

viendo

que venías

por fin

que llegabas 

de paso.


Mario Benedetti

Táctica y estrategia

Mi táctica es

mirarte

aprender cómo sos

quererte como sos

mi táctica es

hablarte

y escucharte

construir con palabras

un puente indestructible

mi táctica

es quedarme en tu recuerdo

no sé cómo ni sé

con qué pretexto

pero quedarme en vos

mi táctica es

ser franco

y saber que sos franca

y que no nos vendamos

simulacros

para que entre los dos

no haya telón

ni abismos

mi estrategia es

más profunda y más

simple

mi estrategia es

que un día cualquiera

ni sé cómo ni sé

con qué pretexto

por fin me necesites.


Charles Baudelaire

La belleza

Soy bella, ¡oh, mortales!, cual sueño de granito,

y mi seno, que a todos por turno dio dolor,

se hizo para inspirarle al poeta un amor

cual la materia mudo y cual ella infinito.

Yo reino en el azur, esfinge postergada;

mi blancura es de cisne y mi corazón, nieve;

porque enreda las líneas, odio lo que se mueve

y no río jamás, y no lloro por nada.

Los poetas, al ver mis gestos altaneros,

que evocan monumentos enormes y arrogantes,

consumirán sus días en estudios austeros;

pues, para fascinar tan dóciles amantes,

tengo, puros espejos que hacen las cosas bellas,

¡mis grandes ojos, fúlgidos como eternas estrellas!


José Watanabe

La mantis religiosa

Mi mirada cansada retrocedió desde el bosque azulado por el sol

hasta la mantis religiosa que permanecía inmóvil a 50 cm de mis ojos.

Yo estaba tendido sobre las piedras calientes de la orilla del Chanchamayo

y ella seguía allí, inclinada, las manos contritas,

confiando excesivamente en su imitación de ramita o palito seco.

Quise atraparla, demostrarle que un ojo siempre nos descubre,

pero se desintegró entre mis dedos como una fina y quebradiza cáscara.

Una enciclopedia casual me explica ahora que yo habría destruido a un macho

vacío

la enciclopedia refiere sin asombro que la historia fue así:

el macho, en su pequeña piedra, cantando y meneándose, llamando hembra

y la hembra ya estaba aparecida a su lado,

acaso demasiado presta

y dispuesta.

Duradero es el coito de las mantis.

En el beso

ella desliza una larga lengua tubular hasta el estómago de él

y por la lengua le gotea una saliva cáustica,

un ácido,

que va licuándole los órganos

y el tejido del más distante vericueto interno, mientras le hace gozo,

y mientras le hace gozo la lengua lo absorbe,

repasando

la extrema gota de sustancia del pie o del seso, y el macho

se continúa así de la suprema esquizofrenia de la cópula

a la muerte.

Y ya viéndolo cáscara, ella vuela, su lengua otra vez lengüita.

Las enciclopedias no conjeturan. Esta tampoco supone qué última

palabra

queda fijada para siempre en la boca abierta

y muerta

del macho.

Nosotros no debemos negar la posibilidad de una palabra de agradecimiento.


Vivian Lamarque

Regalos de Navidad

Para Navidad te hago los siguientes regalos dos puntos

caramelos suizos para cuando te dé la tos fuerte que da miedo

que nunca comerás

filtros para cuando fumés que tirarás por la ventana

un vaso chico para beber menos imaginate

monedas para llamarme una noche desde un bar

una velita de terracota para cuando tengamos oscuridad

una pequeña espada porque sos mi amor peligroso

y también un pedacito mío cuál querés?


Gabriela Mistral

El pensador de Rodin

Con el mentón caído sobre la mano ruda,
el Pensador se acuerda que es carne de la huesa,
carne fatal, delante del destino desnuda,
carne que odia la muerte, y tembló de belleza.

Y tembló de amor, toda su primavera ardiente,
y ahora, al otoño, anégase de verdad y tristeza.
El «de morir tenemos» pasa sobre su frente,
en todo agudo bronce, cuando la noche empieza.

Y en la angustia, sus músculos se hienden, sufridores.
Los surcos de su carne se llenan de terrores.
Se hiende, como la hoja de otoño, al Señor fuerte

que le llama en los bronces… Y no hay árbol torcido
de sol en la llanura, ni león de flanco herido,
crispados como este hombre que medita en la muerte.


Antonio Machado

LXIX

Hoy buscarás en vano
a tu dolor consuelo.

Lleváronse tus hadas
el lino de tus sueños.
Está la fuente muda,
y está marchito el huerto.
Hoy sólo quedan lágrimas
para llorar. No hay que llorar, ¡silencio!


Silvina Giaganti

Nada más

Pone la mesa y me da de comer.

Desenrolla con paciencia

los individuales de bambú

y trae a la mesa la botella de agua

de vidrio verde y tapa a presión

que alguna vez fue de cerveza.

La casa está en silencio.

No hay espacio para poner música entre ella y yo.

No entra nada más en esta relación.

La escena que más le gusta del cine

es de una película de Chantal Akerman

donde una mujer alimenta a otra,

la alimenta dos veces, le trae un bandeja

con Nutella y leche, cogen toda la noche.

De madrugada, una se levanta, se viste y se va

en fade, como la vida.


Emily Dickinson

Él era débil, y yo era fuerte – después –

él dejó que yo lo hiciera pasar –

yo era débil, y él era fuerte entonces –

yo lo dejé que me guiara a mí – a casa.

No era lejos – la puerta estaba cerca –

no estaba oscuro – él avanzaba – también –

no había ruido, él no dijo nada –

eso era lo que yo más deseaba saber.

El día irrumpió – tuvimos que separarnos –

ninguno – era más fuerte – ahora –

él luchó – yo luché – también –

¡No lo hicimos – a pesar de todo!


Vicente Luy

Llueve y alguien está diciendo “llueve”. 

Si me equivoco contradíganme con amor, porque con amor digo.

Si erro pónganme maestros, que luego yo les enseño,

 porque con amor hago.

O ustedes, ¿Por qué creen que llueve; porque hace falta? 

¿creen que llueve porque sí? ¿por qué carajo creen que 

llueve?

Llueve; y no sólo eso; la verdad es que hay un montón 

de gente diciendo “llueve”.

De a uno empiezan a notarlo, y no lo pueden evitar;

simplemente dicen “llueve”.

Porque llueve.

Si me equivoco contradíganme con amor, porque

con amor digo.


César Vallejo

Líneas

Cada cinta de fuego

que, en busca del Amor,

arrojo y vibra en rosas lamentables,

me da a luz el sepelio de una víspera.

Yo no sé si ,el redoble en que lo busco,

será jadear de roca,

o perenne nacer de corazón.

Hay tendida hacia al fondo de los seres,

un eje ultranervioso, honda plomada,

¡La hebra del destino!

Amor desviará tal ley de vida,

hacia la voz del Hombre;

y nos dará la libertad suprema

en transubstanciación azul, virtuosa,

contra lo ciego y lo fatal.

¡Que en cada cifra lata,

recluso en albas frágiles,

el Jesús aún mejor de otra gran Yema!

Y después… La otra línea…

Un Bautista que aguaita, aguaita, aguaita…

Y, cabalgando en intangible curva,

un pie bañado en púrpura.


“Fósforos quemados” de José Edgardo Díaz

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