César Vallejo: poemas

César Vallejo nació en Santiago de Chuco el 16 de marzo de 1892 y falleció en París el 15 de abril de 1938. Fue un reconocido poeta y escritor peruano, considerado un innovador clave dentro de la poesía del siglo XX. 

II

La anciana pensativa, cual relieve

de un bloque pre-incaico, hila que hila;

en sus dedos de Mama el huso leve

la lana gris de su vejez trasquila.

Sus ojos de esclerótica de nieve

un ciego sol sin luz guarda y mutila…!

Su boca está en desdén, y en calma aleve

su cansancio imperial talvez vigila.

Hay ficus que meditan, melenudos

trovadores incaicos en derrota,

la rancia pena de esta cruz idiota,

en la hora en rubor que ya se escapa,

y que es lago que suelda espejos rudos

donde náufrago llora Manco-Cápac.


Hojas de ébano

Fulge mi cigarrillo;

su luz se limpia en pólvoras de alerta.

Y a su guiño amarillo

entona un pastorcillo

el tamarindo de su sombra muerta.

Ahoga en una enérgica negrura

el caserón entero

la mustia distinción de su blancura.

Pena un frágil aroma de aguacero.

Están todas las puertas muy ancianas,

y se hastía en su habano carcomido

una insomne piedad de mil ojeras.

Yo las dejé lozanas;

y hoy ya las telarañas han zurcido

hasta en el corazón de sus maderas,

coágulos de sombra oliendo a olvido.

La del camino, el día

que me miró llegar, trémula y triste,

mientras que sus dos brazos entreabría,

chilló como en un llanto de alegría.

Que en toda fibra existe,

para el ojo que ama, una dormida

novia perla, una lágrima escondida.

Con no se qué memoria secretea

mi corazón ansioso.

—¿Señora?… —Sí, señor; murió en la aldea;

aún la veo envueltita en su rebozo…

Y la abuela amargura

de un cantar neurasténico de paria

¡oh, derrotada musa legendaria!

afila sus melódicos raudales

bajo la noche oscura;

como si abajo, abajo,

en la turbia pupila de cascajo

de abierta sepultura,

celebrando perpetuos funerales,

se quebrasen fantásticos puñales.

Llueve… llueve… Sustancia el aguacero,

reduciéndolo a fúnebres olores,

el humor de los viejos alcanfores

que velan tahuashando en el sendero

con sus ponchos de hielo y sin sombrero.


Oración del camino

Ni sé para quién es esta amargura!

Oh, Sol, llévala tú que estás muriendo,

y cuelga, como un Cristo ensangrentado,

mi bohemio dolor sobre su pecho.

El valle es de oro amargo;

y el viaje es triste, es largo.

Oyes? Regaña una guitarra. Calla!

Es tu raza, la pobre viejecita

que al saber que eres huésped y que te odian,

se hinca la faz con una roncha lila.

El valle es de oro amargo,

y el trago es largo… largo…

Azulea el camino; ladra el río…

Baja esa frente sudorosa y fría,

fiera y deforme. Cae el pomo roto

de una espada humanicida!

Y en el mómico valle de oro santo,

la brasa de sudor se apaga en llanto!

Queda un olor de tiempo abonado de versos,

para brotes de mármoles consagrados que hereden

la aurífera canción

de la alondra que se pudre en mi corazón!


Líneas

Cada cinta de fuego

que, en busca del Amor,

arrojo y vibra en rosas lamentables,

me da a luz el sepelio de una víspera.

Yo no sé si ,el redoble en que lo busco,

será jadear de roca,

o perenne nacer de corazón.

Hay tendida hacia al fondo de los seres,

un eje ultranervioso, honda plomada,

¡La hebra del destino!

Amor desviará tal ley de vida,

hacia la voz del Hombre;

y nos dará la libertad suprema

en transubstanciación azul, virtuosa,

contra lo ciego y lo fatal.

¡Que en cada cifra lata,

recluso en albas frágiles,

el Jesús aún mejor de otra gran Yema!

Y después… La otra línea…

Un Bautista que aguaita, aguaita, aguaita…

Y, cabalgando en intangible curva,

un pie bañado en púrpura.


Poesía y narrativa completas de César Vallejo.

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