Silvina Giaganti: poemas de "Tarda en apagarse"

Tarda en apagarse es el primer libro de Silvina Giaganti, es un poemario breve pero abismal. Un abismo arraigado en la vida cotidiana y citadina de Buenos Aires al que la poeta regresa en busca de su ser que no termina nunca de mudarse. Lo hace a través de una distancia intima a la que a veces entra como a una expedición de guerra y otras a través de las maneras del amor. Es un libro en donde la brutalidad y la belleza se maridan en piezas exquisitas.

Tarda en apagarse, Silvina Giaganti

En el orden de los poemas y en la estructura interna de los mismos hay movimientos abruptos (de entre los versos salen uppercuts en busca del mentón del lector) pero que se mantienen en equilibrio por la alta tensión que genera el tono incisivo y sincero. Me desentiendo de si es un texto autobiográfico o cimentado en acontecimientos reales, de seguro que lo es y no lo es en al mismo tiempo, lo que remarco es una cualidad de la voz poética que crea la autora y la selección de los temas que trata. La enfermedad, la resignación ante el paso del tiempo y la consciencia de un destino trágico de la vida son temas que oscilan con la sexualidad, el amor, la familia y el conocimiento como una aspiración infinita, un espacio liberado a la creación. Es donde se descubre esta sensación de que la poeta lo ha dejado todo para redimirse de un pasado que no termina de apagarse.

Tarda en apagarse (2017), de Silvina Giaganti. 47 páginas. Editorial Caleta Olivia.


Los enfermos de la familia piden por mí

No sé muy bien quien soy

la sexualidad es fluida

pero no me refiero sólo a eso.

Hace ocho años que no cojo con un hombre.

Lo cierto es que lo amé

y un año después de separarme

volví para cuidarlo un tiempo más

a él y a su esclerosis múltiple

recién declarada.

Soy buena para eso, no me derrumbo y

los enfermos de la familia piden por mí

aunque él no lo hizo.

El sábado su ex, la madre de su hijo

me escribió: Silvina, pasó Correo Argentino

trajo el aviso de tu pasaportea Eduardo se le cayeron dos dientes de adelante

me impresiona mucho, está muy cansado

dejó de inyectarse interferón hace años

dice que se curó.

Yo le aplicaba Rebif en la panza

cada noche en un lugar distinto

la piel le quedaba como un blanco de tiro

luego del trayecto de mil flechas.

Las contraindicaciones, mejor no leerlas.

Desde un deterioro del hígado

hasta intentos de suicidio.

Iba a buscar las dosis en un taxi,

me las daban en un maletín

lleno de gel refrigerante.

Las jeringas parecían lapiceras Lamy

pero no éramos modernos.

Me odió cuando lo dejé.

Hace un año lo crucé en Constitución

hicimos las paces en la esquina

de la casa donde vivimos juntos.

El primer brote lo tuvo

en el ojo derecho

se quedó ciego en un 70 por ciento.

Con dosis grandes de corticoides recuperó un 50.

El es pintor y necesita el ojo.

El segundo brote le dejó

siete meses después la pierna frágil

como un hilo para coser un botón.

Ese brote confirmó la enfermedad.

A las cuatro de la mañana vinieron

dos médicas residentes y dijeron: tiene EM.

Él dormía.

Lo cuidé y lo quise

lo quise y lo cuidé,

se le cayeron dos dientes y quisiera también

alterar el mundo para que los tenga.

El sábado me engripé y la chica que veía

fue a una fiesta, se cogió a una conocida.

De noche vi una película y me acordé

de cuando él me sostuvo la cabeza

mientras vomitaba un 25 de diciembre

a las 3 AM el exceso de la Navidad.

Me acordé de cuando me cogió

arriba del bidet y arriba de un toallon

meado por la gata.

Me quedé pensando en como un cuerpo puede atacar

sus células sanas por error.


Nada más

Pone la mesa y me da de comer.

Desenrolla con paciencia

los individuales de bambú

y trae a la mesa la botella de agua

de vidrio verde y tapa a presión

que alguna vez fue de cerveza.

La casa está en silencio.

No hay espacio para poner música entre ella y yo.

No entra nada más en esta relación.

La escena que más le gusta del cine

es de una película de Chantal Akerman

donde una mujer alimenta a otra,

la alimenta dos veces, le trae un bandeja

con Nutella y leche, cogen toda la noche.

De madrugada, una se levanta, se viste y se va

en fade, como la vida.


Me dijo que amor tuve

A mi mamá le cuesta abrazarme

y preguntarme en qué ando.

Creo que no sabe qué estudié

ni de qué me recibí

pero me hace comida

para que traiga a casa

y hasta hace poco me ayudó

a pagar la obra social.

Ahora gano más que las dos jubilaciones

juntas de mis padres

y me da una vergüenza enorme.

Mi psicóloga me dijo

que seguramente mi mamá

no hablaba mucho

conmigo ni con nadie

porque le pasaron cosas

que la metieron para adentro.

Y que si no me hubiera querido

ni me hubiera dado

los cuidados

que de bebé necesité

no hubiera sobrevivido.

Que amor tuve, eso me dijo.


Las mujeres que me volvieron loca de verdad

Las mujeres que más amé

las que me volvieron loca de verdad

las chicas con las que quise todo, escribían.

Mi mamá hizo hasta segundo grado y no

me miró los cuadernos ni pudo

colorear un mapa conmigo o ayudarme

en un ejercicio de contabilidad.

El colegio y casa eran

una cadena rota en mi cabeza.

Cada vez que la veía firmar algo,

el boletín de la primaria,

un documento en el banco,

notaba que lo hacía lentamente

como alguien recuperándose de un golpe.

Me pregunto si las mujeres que amé

las que me volvieron loca de verdad

las chicas con las que quise todo

fueron mi movilidad intelectual ascendente,

si elegir mujeres que escriben

es disimular eso que me falta

cada vez que las dejo

o que me dejan.


Herradura

“Bueno, ya terminamos,

incorporate despacio,

cuando puedas bajá de la camilla”,

Me dijo la ostéopata después

de sacarse los guantes de látex que usó

para trabajar los puntos críticos

de la mandíbula trabada hace tres semanas,

desde el sábado al mediodía que fui

a la casa de Luisa y le di

un beso en la boca apenas

abrió la puerta de madera

de tres metros de altura, la puerta

con manijas de bronce que embestí

como un bisonte.

La mandíbula es una herradura

una hamaca, un vaivén, un obrero que hace todo,

que cuelga de casi nada.

A mí se me trabó cuando le volví a dar

un beso a una chica tres meses después

de separarme de otra.


Si te gustaron estos poemas te recomiendo a la poeta y ensayista canadiense Anne Carson.