Consejos de Baudelaire Charles a los jóvenes escritores

V. De los métodos de composición

HOY EN DÍA es forzoso producir mucho; es fundamental ir rápido; es preciso pues acelerar el paso lentamente; es imprescindible que todos los golpes acierten y que ninguna acometida sea inútil.

Para escribir rápido es necesario haber reflexionado mucho, acarrear con un tema en el paseo, en el baño, en el restaurante, incluso en casa de la querida.

E. Delacroix me dijo un día: «El arte es algo tan ideal y fugitivo, que las herramientas nunca son las apropiadas, ni los medios lo bastante expeditivos». Como en la literatura; no soy partidario de la tachadura; emborrona el espejo del pensamiento.

Algunos, y de los más distinguidos y conscientes —Édouard Ourliac, por ejemplo— comienzan cargando mucho el papel; lo llaman cubrir el lienzo. Tras esta operación confusa que pretende no deshacerse de nada, cada vez que reescriben, amplían y desbrozan. El resultado puede ser excelente, aunque abuse del tiempo y del talento. Cubrir el lienzo no es llenarlo de colores, es bosquejar en frottis, es disponer unas masas en tonos ligeros y transparentes. El lienzo debe estar cubierto, en espíritu, en el momento en que el escritor toma la pluma para escribir el título.

Se dice que Balzac recarga sus originales y pruebas de manera fantástica y desordenada. Una novela pasa desde entonces por una serie de génesis, donde se dispersa no solamente la unidad de las frases, sino también de la obra. Es sin duda este mal método el que da a menudo al estilo no sé qué de difuso, de atropellado, de borrador, el único defecto de este gran historiador.

VI. Del trabajo diario y la inspiración

LA ORGÍA NO es la hermana de la inspiración: hemos roto este parentesco adúltero. El súbito nerviosismo y debilidad de algunas jóvenes promesas son suficiente testimonio contra este odioso prejuicio.

Una alimentación sustancial, pero regular, es la única cosa necesaria para escritores fecundos. La inspiración es decididamente la hermana del trabajo diario. Estos dos contrarios no se excluyen más que todos los contrarios que constituyen la naturaleza. La inspiración sucede, como el hambre, como la digestión, como el sueño. Hay sin duda en el espíritu una especie de mecánica celeste, de la que no hay que avergonzarse, hay que sacarle el partido más glorioso, como hacen los médicos con la mecánica del cuerpo. Si se quiere vivir en una contemplación obstinada de las obras futuras, el trabajo diario estará al servicio de la inspiración —así como una escritura legible sirve para aclarar el pensamiento, el pensamiento calmado y potente sirve para escribir de manera legible; porque el tiempo de las malas escrituras ha pasado.

VII. De la poesía

EN CUANTO A aquellos que se entregan o se han entregado con éxito a la poesía, les recomiendo que no la abandonen nunca. La poesía es una de las artes que más rinden; aunque sea una especie de inversión donde se alcanzan tarde los intereses que, en cambio, son enormes.

Desafío a los envidiosos a que me citen buenos versos que hayan arruinado a un editor.

Desde el punto de vista moral, la poesía establece unos límites entre los espíritus de primer orden y los de segundo, de tal manera, que el público más burgués no puede escapar a esta influencia despótica. Conozco a gente que leen los folletines —a menudo mediocres— de Theóphile Gautier sólo porque ha escrito La Comédie de la Mort; sin duda no aprecian todos los encantos de esta obra, pero saben que es poeta.

Lo cual asombra por otra parte, pues todo hombre hecho y derecho puede estar sin comer dos días, pero ¿sin poesía?

El arte que satisface la necesidad más imperiosa será siempre el más honrado.

VIII. De los acreedores

RECORDARÉIS SIN DUDA una comedia titulada: Desorden y genio. Que el desorden a veces haya acompañado al genio, prueba solamente que el genio es terriblemente fuerte; desgraciadamente, este título hace suponer a muchos jóvenes que más que una coincidencia se trata de una necesidad.

Dudo mucho que Goethe tuviese acreedores; el propio Hoffmann, el desordenado Hoffmann, preso de necesidades más frecuentes, aspiraba sin tregua a arreglárselas, y murió en el momento en que una vida más larga permitía a su genio un desarrollo más radiante.

Nunca tengáis acreedores; haced, si queréis, como que los tenéis, es todo lo que puedo permitiros.

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