15 consejos de Anton Chejov para escritores

Esta publicación extrae algunos consejos para escribir a partir de las observaciones que Antón Chéjov daba en cartas a colegas.

1. Por qué escribo 

Sus líneas sobre la locomotora, los raíles y la nariz que se da de bruces con el suelo son bastante graciosas, pero injustas. No acaba uno con la nariz rota por escribir mal; al contrario, escribimos porque nos hemos roto la nariz y no tenemos ningún lugar al que ir.

  (A Maksim Gorki, Yalta, 18 de enero de 1899).

2. Ni por fama ni por dinero 

Escribir para ellos [los críticos] tiene tan poco sentido como darle a oler unas flores a una persona resfriada. En ciertos momentos me siento desanimado. ¿Qué escribo y para quién? ¿Para el público? Pero no lo veo y creo menos en él que en los duendes; es inculto, maleducado, y sus mejores elementos no son honrados ni sinceros con nosotros. ¿Soy o no soy necesario para ese público? No estoy seguro. Burenin dice que no y que me ocupo de estupideces; la academia, en cambio, me ha concedido un premio. ¡A ver quién lo entiende! ¿Escribir por dinero? Pero no he tenido nunca dinero y estoy tan habituado a su falta que me deja casi indiferente. El dinero no es un incentivo para trabajar. ¿Escribir para recibir alabanzas? Pero las alabanzas sólo consiguen irritarme. La sociedad literaria, los estudiantes, Yevreinova, Pleschéiev, las muchachas y demás han puesto por las nubes mi relato La crisis, pero Grigoróvich es el único que ha reparado en la descripción de la primera nieve. Etcétera. Si tuviésemos una crítica, sabría si soy un escritor, bueno o malo, poco importa; sabría si soy útil, como una estrella para un astrónomo. Entonces, trataría de trabajar y sabría para qué trabajo. Ahora, en cambio, yo, usted, Muravlin y los demás parecemos maníacos que escriben libros y pièces por placer personal. El placer personal está muy bien, por supuesto; uno lo siente cuando escribe, pero ¿y luego? […] Una infinidad de razas, de religiones, de lenguas y de civilizaciones han desaparecido sin dejar huella, por falta de historiadores y de biólogos… Del mismo modo, una infinidad de vidas y de obras de arte desaparecen ante nuestros ojos por la falta total de una crítica. 

  (A Alekséi Suvorin, Moscú, 23 de diciembre de 1888).

3. Leyes de la naturaleza 

También he reparado en otra ley de la naturaleza: cuanto más alegre es mi vida, más sombríos son los relatos que escribo.

  (A Aleksandra Jotiainzeva, Niza, 26 de noviembre de 1897).

4. No escribir para uno mismo sino para el lector 

Basta con ser más honrado: quitarse de en medio siempre y en cualquier parte, no estorbar a los protagonistas de la propia novela, renegar de uno mismo, aunque sea por media hora. Hay un relato tuyo en el que, durante toda la comida, dos cónyuges no hacen más que besuquearse, lamentarse, verter un mar de lágrimas. No hay una sola palabra sensata, todo es sentimentalismo. Ahora bien, tú no has escrito para el lector… has escrito porque a ti te gustan esas charlas. Si en lugar de eso hubieses descrito la comida, cómo comían, qué comían, cómo era la cocinera, qué vulgar era tu protagonista, satisfecho de su mezquina felicidad; qué vulgar era tu heroína, qué ridículo era su amor por ese zopenco saciado y ahíto, con una servilleta anudada al cuello… Cierto que a todo el mundo le gusta ver gente bien alimentada y satisfecha, pero para describirla no basta con referirse a lo que dicen y a las veces que se besan… Se requiere algo más: renunciar a la impresión personal que una felicidad almibarada produce en cualquier hombre no amargado… El subjetivismo es una cosa tremenda. Es un mal por el solo hecho de que ata de pies y manos al pobre autor. 

  (A Aleksandr Chéjov, Moscú, 20 de febrero de 1883).

5. Qué no escribir 

Dios mío, no permitas que juzgue o hable de lo que no conozco y no comprendo. 

6. Sin trama y sin final 

Me congratulo de tu debut en Tiempo Nuevo. Pero ¿por qué no has elegido un tema serio? La forma es óptima, pero los personajes son acartonados; además, el tema es insulso. En quinto curso de instituto se puede pretender algo más… Toma algo de la vida real y cotidiana, sin trama y sin final. 

  (A Aleksandr Chéjov, Babkino, 16 de junio de 1887).

7. Tachar sin piedad 

Mi alma está llena de pereza y de un sentimiento de libertad. Es la sangre que bulle al acercarse la primavera. Y sin embargo, estoy trabajando. Preparo el material para mi tercer libro y tacho sin piedad. Es extraño: ahora tengo la manía de la brevedad; nada de lo que leo, mío o ajeno, me parece lo bastante breve.

  (A Alekséi Suvorin, 6 de febrero de 1889).

8. El arte no debe resolver los problemas 

A veces profeso la herejía, pero aún no he llegado al extremo de renegar por completo de los problemas del arte. En mis conversaciones con mis colegas escritores insisto siempre en el hecho de que no corresponde al artista resolver problemas específicos. Un artista no debe ocuparse de cosas que no comprende. Para los problemas especiales existen entre nosotros especialistas; a ellos corresponde juzgar las comunidades rurales, las suertes del capital, los daños del alcoholismo, las botas, las enfermedades femeninas… El artista, por su parte, sólo debe juzgar lo que comprende; su campo es limitado, como el de cualquier otro especialista: es algo que repito y sobre lo que insisto siempre. Sólo quien no ha escrito nunca y no se ha ocupado nunca de las imágenes puede decir que en su esfera no hay problemas, sólo respuestas. El artista observa, elige, intuye, asocia; ya de por sí esos actos presuponen, en principio, un problema; si desde el inicio uno no se plantea un problema, no tiene nada que intuir ni que elegir. […]

  Tiene usted razón cuando exige del artista la conciencia de la propia labor, pero confunde usted dos conceptos: la solución del problema y su planteamiento justo. Para el artista sólo esto último es obligatorio. En Anna Karéninay en Onieguin no se resuelve ningún problema; ahora bien, esas obras son plenamente satisfactorias porque en ellas todas las cuestiones están planteadas justamente. Un tribunal tiene la obligación de hacer preguntas; luego deciden los miembros del jurado, cada uno según su parecer. 

  (A Alekséi Suvorin, Moscú, 27 de octubre de 1888).

9. Sócrates y la cocinera 

Es más fácil escribir de Sócrates que de una señorita o de una cocinera.

  (A Alekséi Suvorin, Mélijovo, 2 de enero de 1894).

10. Me limito a escribir 

Por el momento no tengo una concepción política, religiosa y filosófica; cada mes adopto una nueva; por tanto, tendré que limitarme a describir cómo hablan, aman, se casan, se reproducen y mueren mis protagonistas.

  (A Dmitri Grigoróvich, Moscú, 9 de octubre de 1888).

11. Descripciones de estados de ánimo 

También en el campo de la psique se requieren detalles. Dios te guarde de los lugares comunes. Lo mejor de todo es no describir el estado de ánimo de los personajes; hay que tratar de que se desprenda de sus propias acciones…

  (A Aleksandr Chéjov, Moscú, 10 de mayo de 1886).

12. Detalles 

Si quiere que le hable de los defectos, permítame que le señale uno que repite en todos sus cuentos: en el primer plano del cuadro hay demasiados detalles. Es usted muy observadora. Le disgustaría prescindir de esos detalles, pero ¿qué se puede hacer? Hay que sacrificarlos al conjunto. Lo exigen razones de orden físico: al escribir hay que tener presente que los detalles, por muy interesantes que sean, fatigan la atención.

  (A Yelena Shavrova, Serpujov, 22 de noviembre de 1894).

13. Número de personajes 

Es un error querer meter en escena un gran número de personajes. El centro de gravedad deben ser sólo dos: él y ella…

  (A Aleksandr Chéjov, Moscú, 19 de mayo de 1886).

14. Figuras y fondo 

He empezado el cuento el 10 de septiembre, con la idea de terminarlo el 5 de octubre a más tardar; pasada esa fecha, engaño a alguien y sigo sin dinero. El principio lo escribo con calma, sin imponerme ninguna sujeción, pero al llegar a la mitad empiezo a desanimarme, a temer que el cuento sea demasiado largo. Debo tener presente que El Mensajero del Norte no es rico y que yo soy uno de sus colaboradores más costosos. Por eso el inicio siempre me parece muy prometedor, como si empezase una novela; la parte central es incierta, chapucera; y el final, una especie de fuegos de artificio, como en un cuento breve. Involuntariamente, cuando se escribe un cuento, uno se preocupa ante todo de sus límites; del conjunto de protagonistas y semiprotagonistas se toma a un solo personaje —marido o mujer—, se lo sitúa en el fondo y se resalta sólo a ése; los otros, en cambio, se distribuyen por ese fondo como monedas menudas, formando algo que se asemeja a la bóveda celeste: una luna grande rodeada de una multitud de estrellas muy pequeñas. No obstante, la luna no acaba de quedar bien, porque sólo es posible entenderla si se comprenden también las estrellas; pero éstas no están perfiladas. [… ] ¿Qué hacer? La verdad es que no lo sé. Confio en el tiempo, que cura todos los males. 

  (A Alekséi Suvorin, Moscú, 27 de octubre de 1888).

15. Atributos y adverbios 

Un consejo más: al corregir las pruebas, suprima, cuando sea posible, los atributos y los adverbios. Pone usted tantos atributos que al lector le cuesta asimilarlos y se cansa. Cuando escribo: «El hombre se sentó sobre la hierba», resulta comprensible, porque es claro y no retiene la atención. Por el contrario, resulta pesado para la cabeza y poco comprensible si escribo:

  «Un hombre alto, de pecho hundido, estatura mediana y barba pelirroja, se sentó sobre la hierba ya pisada por los paseantes; se sentó sin hacer ruido, tímidamente, mirando a su alrededor con temor». Ese pasaje tarda en entrar en la cabeza y la literatura debe entrar de golpe, en un instante.

  (A Maksim Gorki, Yalta, 3 de septiembre de 1899).


Un comentario sobre “15 consejos de Anton Chejov para escritores

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  1. Gracias por compartir este trabajo de campo que haces, la verdad es que soy de ese tipo de lector, que tiene pilas de libros y que después no se acuerda dónde es que leyó algún cuento o relato interesante, este compilado de autores, es realmente útil, gracias otra vez por compartir, saludos

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