Botellas vacías / 18 Whiskys: reseña del documental “La vida que te agenciaste”

El documental La vida que te agenciaste, sobre la revista 18 Whiskys, sostiene que la producción de poesía en los 90 dio un giro: más allá del objetivismo, que se asimiló como insignia, lo que se instaló fue también un grupo de creación colectiva. La reconstrucción parcial que hace la película de este grupo permite indagar ese proceso de estimulación y aceptación de la crítica entre sus integrantes, que hoy es capital de los talleres de escritura y está ampliamente difundido en otros campos del arte, y que configuraba en los 90 una novedad, es decir, una incomodidad: ¿cómo reconstruir la representación clásica del poeta, confinado al encierro de su arte y en lucha contra la crítica?

La propuesta del director Mario Varela es conversar con los poetas que fundaron hace 25 años los cimientos de esta tradición literaria hecha sobre el trabajo colectivo en 18 Whiskys, una revista que a fuerza de traducciones, entrevistas, ensayos y poesía condensaría una especie de cuerpo celeste con gravedad propia en el universo poético argentino y tomaría distancia de la santidad del léxico y de otros floripondios que suelen anular el sentido y lo concreto. Resucitando el espectro de Bécquer desde el número uno con sus versos, Poesía eres tú, un movimiento explícitamente político y perturbador si se lee en conjunto con el uso de la fotografía de la tapa, e instalando a Ricardo Zelarayan como un antecedente de la propuesta, la operación incluiría también la importación del poeta William Carlos Williams.

Las revistas literarias, por supuesto, son objetos difíciles. En ellas hay un poder de bifurcación que las vuelve únicas por el peregrinaje de autores: cada revista se parece en eso de que es distinta a todas las demás. En la tradición argentina, sin embargo, muchas comparten un destino breve. 18 Whiskys es también un símbolo de esto. Solo tuvo dos números dobles, aunque su importancia fue la de cristalizar un momento de la poética argentina que luego influenciaría — y sigue influenciando — a la producción que le siguió. La vida que te agenciaste orbita alrededor de ese momento, tal vez con un exceso de romanticismo y sin indagar acerca de la ruptura o el “devenir” que 18 Whiskys produjo en las nuevas generaciones. Solo hay una charla breve, casi expiatoria, con un grupo de cuatro poetas nacidos en la década del 90. De estos únicamente se llega a conocer el nombre de dos, la edad de los cuatro y que ninguno tuvo nunca la revista en la mano.


La apuesta del documental resulta tal vez por eso mismo algo naif, ya que construye su narrativa con una falsa búsqueda del objeto perdido, donde un yo explorador, el mismo Varela, se cruza con distintos protagonistas. Desde su frontera más formal, el documental se enrosca en la voz de un Jorge Aulicino maduro, que suelta frases concentradas que, por momentos, se ubican dentro de lo que suena como el registro de la crítica. Cuando Varela se corre del lugar del entrevistador para dejar hablar, de hecho, emerge la columna vertebral de La vida que te agenciaste: sin el discurso de Aulicino, costaría darle sentido al recorrido de Varela por Buenos Aires e Indonesia. Pero hay otros dos recursos técnicos que se destacan en el trabajo de dirección. El primero es el contrapunto con un archivo que Varela filmó cuando era estudiante de cine: un primer acercamiento tembloroso, experimental y en blanco y negro de un campeonato de bebidas alcohólicas. El grupo de bebedores es precisamente el de los poetas de 18 Whiskys. El otro recurso es la estetización de los poemas que se leen en la película, un gesto que justifica también la relectura de una tradición poética a la que pertenece.

Las voces laterales, principalmente las de los poetas que fundaron la revista, suman color a través de anécdotas que evitan el tono efectista o confesional vigente en los programas de la tarde. La conversación es amistosa y no pretende incomodar, al contrario, se ocupa mayormente de repetir cierta fórmula que entre amigos es típica cuando hace tiempo que no se ven. Esa distensión casi esteriliza por completo el propósito mismo de interesar sobre el objeto. Se habla de la revista como si estuvieran en la peluquería, con la cotidianeidad de lo chato, sin agregar información, ni interpretaciones originales, ni primicias periodísticas. Paradójicamente — y aunque puede resultar contradictorio — , al permitirse una producción sin entrevistas ni preguntas incisivas, Varela se encuentra en el naufragio del vacío sobre el que gira toda poética, eso a lo que W. H. Auden alude cuando dice “Poetry makes nothing happen”, que en mi traducción más arriesgada sería “la poesía hace que la nada ocurra”. En ese orden es que escuchar a los poetas difumina su aura y ahora, ante esa ausencia, parece haber un resurgimiento. El vacío exige un esfuerzo de contemplación, pero también es expresivo: puede aburrir o encantar, pero no pasa sin dejar efecto. ¿Y no es esta una experiencia? Un ir en contra de una época adicta a lo inmediato y lo unívoco, que indefectiblemente produce un hombre serializado y abstracto. En la poesía, incluido el objetivismo que perseguía 18 Whiskys, hay un lugar donde la experiencia resiste.

En un poema que se llama “Preguntas” Fabián Casas empieza con una declaración. Después sigue la imagen del terreno asfixiante donde se va la vida del que escribe y el presente de la pregunta, que hace lugar a la incertidumbre, a la búsqueda de la experiencia y la aventura:

La vanguardia nos resultó intolerable,

hacía mucho calor, entonces:

¿qué vamos a hacer

con el galgo de orejas vendadas

que ladra en el rectángulo del patio?

¿dónde vamos a poner a Malvolio

que quiere convertir su dolor en aventura?

Entre las anécdotas también hay algunas respuestas notables. En el arranque, Varela camina con Casas, que le explica en un minuto el problema y la esclavitud de la representación. Más adelante, en una conversación de memorias a medio borrar entre Darío Rojo y Juan Desiderio, donde Varela no está por un supuesto enojo con este último, Desiderio habla de “los tribunales de los lunes” como una institución, donde los doce poetas fotocopiaban sus poemas y los repartían para ser despiadados entre ellos. El gran acto de fe en ese vacío que unía al grupo.


Notas al pie:

  • Para ahondar en un autor clave de la década de los 90 recomiendo los ensayos de Fabián Casas recopilados en Trayendo a casa todo de vuelta: https://amzn.to/2AkAHkA

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