Educación por la piedra, de João Cabral de Melo Neto, traducido por Zaidenwerg

Agradecimientos a Zaidenwerg por la traducción y la puesta en circulación de una versión libre del poemario Educación por la piedra.

 

 

En la muerte de los ríos

A Manuel Artur Souza Leão Neto

 

Después de que en el Alto Sertón un río se seca,

la vegetación de alrededor, aunque uñas,

aunque sables, intratable y agresiva,

se detiene a la orilla de aquel lecho tumba.

Detiene la agresión nata: jamás ocupa

el río de huesos arena, de arena momia.

 

2

Después de que en el Alto Sertón un río se seca,

enseguida el hombre ocupa la momia agotada:

con bocas de hombre, para beber los charcos

que el río olvida, y hasta el agua mínima;

con bocas de pozo, para hacer subir

lo que duerme en napas, en profundos salones;

y con bocas de bicho, para más rendimiento

de su hocicar económico, de bicho lógico.

Gusano de río, al roer esa arena momia,

el hombre se anticipa a los propios, póstumos.

 

El cañaveral y el mar

 

Lo que el mar sí le enseña al cañaveral:

el avanzar en línea rastrera de la ola;

el explayarse minucioso, de líquido,

anegando cueva a cueva donde se alarga.

Lo que el cañaveral sí le enseña al mar:

la elocución horizontal de su verso;

la geórgica de cordel, ininterrumpida,

narrada en voz y silencio paralelos.

 

*

 

Lo que el mar no le enseña al cañaveral:

la vehemencia pasional de la pleamar;

la mano de mortero de las olas en la arena,

molida y menuda, triturada de triturar.

Lo que el cañaveral no le enseña al mar:

lo desmedido del derramarse de la caña;

el comedimiento del latifundio del mar,

que menos lastradamente se derrama.

 

Hacer lo seco, hacer lo húmedo

 

La gente de una capital entre manglares,

gente de mecha y de alma empapada,

se refugia en una música tan reseca

que se acerca al timbre de un puñal, navaja.

Tal vez el metal sin humus de esa música,

ácido y eléctrico, pedernal de encendedor,

le dé una chispa capaz de prenderle fuego

a la mojada alma mecha, mojada al fin.

 

*

 

La gente de una Caatinga entre sequías,

entre fechas de sequía y sequía entre fechas,

se refugia en una música tan líquida

que bien podría ejecutarse con agua.

Tal vez las gotas húmedas de esa música,

que la gente de ahí hace llover de guitarras,

la humedezca, y si no con el agua del agua,

con la convivencia del agua, lánguida.

 

Sobre el sentarse/estar en el mundo

A Fanor Cumplido Jr.

 

Se sienten donde se sienten ciertos hombres,

se apoltronan, cualquiera sea el asiento.

Se apoltronan: sobre la tabla del inodoro,

asiento amén de anatómico, ecuménico,

ejemplo único de creación universal,

donde cualquier hombre cabe y se solaza.

 

*

 

Se sienten donde se sienten ciertos hombres,

se sientan en los duros pupitres del colegio;

por más afectuoso y diplomático que sea el acolchado,

por debajo los lastiman nudos, si no clavos,

y hasta la tabla del inodoro les niega

la combada amistad, las curvas del afecto.

Toda la vida se sientan mal sentados,

y hasta de pie los lastima algún asiento:

llevan en sí los nudos-si no-clavos,

en las nalgas del alma, con pelos y señales.

 

Tejiendo la mañana

 

Un gallo solo no teje una mañana:

siempre va a necesitar a otros gallos.

A uno que atrape ese grito que él

y se lo tire a otro; a otro gallo

que atrape el grito que un gallo antes

y se lo tire a otro; y a otros gallos

que con muchos otros gallos se crucen

los hilos de sol de sus gritos de gallo,

para que la mañana, a partir de una tela tenue,

se vaya tejiendo, entre todos los gallos.

 

2

 

Y tomando cuerpo en una tela, entre todos,

irguiéndose carpa, donde entren todos,

extendiéndose para todos, en el toldo

(la mañana) que planea libre de armazón.

La mañana, toldo de un tejido tan aéreo

que, tejido, se eleva por sí mismo: luz globo.

 

Fábula de un arquitecto

 

La arquitectura como construir puertas,

para abrir; o como construir lo abierto;

construir, no como aislar y capturar,

ni construir como encerrar secretos;

construir puertas abiertas, en puertas;

casa exclusivamente puertas y techo.

El arquitecto: el que abre para el hombre

(con casas abiertas todo se sanearía)

puertas por-donde, nunca puertas-contra;

por donde, libres: aire luz razón cierta.

 

2

Hasta que, amedrentado por tanta cosa libre,

renegó de dar a vivir en lo claro y abierto.

Donde había vanos de abrir, fue amurando

opacos de cerrar; donde había vidrio, cemento;

hasta reencerrar al hombre: en la capilla útero,

con comodidades de matriz, otra vez feto.

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