Dos ensayos poéticos sobre la poesía de Michel Houellebecq

Estos breves ensayos aparecen reunidos, junto a otros, en el libro Poesía de Michel Houellebecq. Son una especie de mantra sagrado para aquellos que creen en Houellebecq como lo sagrado. Para otros son textos profanos. Y hay muchos otros lectores que no lo categorizan en pequeñas palabras. Allá van.

 

I – Sobrevivir

 

Con todo, el oficio de las letras sigue siendo el único en el que se puede no ganar dinero sin caer en el  ridículo.

Un poeta muerto ya no escribe. De ahí la importancia de permanecer vivo.

Este razonamiento simple, resultará a veces difícil de sostener. En particular durante los períodos de esterilidad creadora

prolongada. Mantenerse con vida, en esos casos, le parecerá dolorosamente inútil; de todas formas, no escribirá más.

A esto, solo una respuesta: en el fondo, usted no sabe nada. Y si se examina con honestidad, finalmente deberá aceptarlo.

Se han visto casos extraños. Si usted no escribe más, es quizá el preludio de un cambio de forma. O de un cambio de tema. O de

las dos cosas. O tal vez se trate efectivamente de su muerte creadora. Pero usted no sabe nada. No conocerá jamás esa parte de

usted mismo que lo impulsa a escribir. La conocerá solo bajo formas aproximadas y contradictorias.

¿Egoísmo o devoción? ¿Crueldad o compasión? Todo se puede defender. Prueba de que, finalmente, usted no sabe nada;

entonces, no se comporte como si supiera. Frente a su ignorancia, frente a esa misteriosa parte de usted mismo, siga siendo

honesto y humilde.

No solo los poetas que viven hasta viejos producen más, sino que en la vejez se asientan procesos físicos y mentales

particulares, que sería una lástima no llegar a conocer. Dicho esto, sobrevivir resulta extremadamente difícil. Podremos pensar

en adoptar una estrategia a lo Pessoa: encontrar un empleo insignificante, no publicar, esperar apaciblemente la muerte.

En la práctica, tendremos que sobreponernos a importantes dificultades: sensación de perder el tiempo, de no estar en

nuestro lugar, de no ser valorado en la justa medida … todo esto pronto se volverá insostenible. Será difícil evitar el alcohol. Al

final de cuentas, la amargura y la acidez esperarán al final del camino, seguidas inmediatamente por la apatía y una esterilidad

creadora total.

Esta solución tiene sus inconvenientes, pero en general es la única. Vale recordar a los psiquiatras, que disponen de la

facultad de prescribir parar de trabajar. En cambio, las estadías prolongadas en hospitales psiquiátricos no son aconsejables:

demasiado destructivas. Solo se utilizará como último recurso, como alternativa a la mendicidad.

Los mecanismos de solidaridad social (seguro de desempleo, etc.) deberán ser utilizados a pleno, así como el sostén

financiero de amigos con recursos. No se culpabilice demasiado por esto. El poeta es un parásito sagrado.

El poeta es un parásito sagrado; semejante a los escarabajos del antiguo Egipto, puede prosperar en el cuerpo de

sociedades ricas y en descomposición. Pero también tiene su lugar en el corazón de las sociedades frugales y fuertes.

No tiene por qué pelearse. Los boxeadores se pelean; no los poetas. Pero, un poquito hay que publicar; es la condición

necesaria para que el reconocimiento póstumo pueda suceder. Si no publica un mínimo (aunque sólo no sea algunos textos en

una revista de segunda), pasará inadvertido para la posteridad; tan inadvertido como mientras estaba vivo. Así fuera usted el

más perfecto de todos los genios, deberá dejar rastro de ello; y confiar en que los arqueólogos literarios podrán exhumar el resto.

Puede fallar. Y esto falla a menudo. Por lo menos una vez al día deberá repetirse que lo esencial es hacer todo lo posible.

El estudio de la biografía de sus poetas preferidos podrá serle útil; debería permitirle cometer ciertos errores.

Dígase a usted mismo que en reglas generales no existe una buena solución para el problema de la supervivencia material;

pero que existen muchas muy malas.

El problema del lugar en donde se vive, no planteará problemas en general; irá a donde pueda ir. Solamente intente evitar

tener vecinos demasiado ruidosos, capaces por sí solos de provocar la muerte intelectual definitiva.

Una pequeña inserción profesional puede aportar algunos conocidos, eventualmente utilizables en una obra ulterior acerca

del funcionamiento de la sociedad. Pero un período de mendicidad, en el que nos sumergiremos en la marginalidad, nos aportará

otros saberes. El ideal es alternar.

Otras realidades de la vida, como pueden ser una vida sexual armoniosa, casarse, tener hijos, resultan a la vez beneficiosas

y fecundas. Pero son casi imposibles de alcanzar. En el plano artístico, son tierras prácticamente desconocidas.

De manera general, oscilará entre la amargura y la angustia. En ambos casos, el alcohol lo ayudará. Lo esencial es obtener

esos escasos momentos de remisión que le permitirán realizar su obra. Serán breves; esfuércese para no dejarlos escapar.

No le tema a la felicidad; no existe.

 

II – Primero, el sufrimiento

 

El universo grita. El hormigón acusa la violencia con la que fue fraguado como muro. El hormigón grita. hierba gimotea bajo los dientes del animal. ¿Y el hombre? ¿Qué diremos del hombre?

El mundo es un sufrimiento desplegado. En su origen, hay un nudo de sufrimiento. Toda existencia es una expansión, y un aplastamiento. Todas las cosas sufren, hasta que son. La nada vibra de dolor, hasta que llega al ser: en un abyecto paroxismo.
Los seres se diversifican y se hacen más complejos, sin perder nada de su naturaleza primera. A partir de un determinado nivel de conciencia, se produce el grito. La poesía deriva de él. El lenguaje articulado, también.

El primer paso de la trayectoria poética consiste en remontarse al origen. A saber: al sufrimiento.

Las modalidades del. sufrimiento son importantes, pero no esenciales. Todo sufrimiento es bueno; todo sufrimiento es útil; todo sufrimiento da sus frutos; todo sufrimiento es un universo.

Henri tiene un año. Yace en el suelo, con los pañales sucios. Berrea. Su madre va de un lado para otro haciendo sonar sus tacones sobre el mosaico de la habitación, mientras busca el sostén y la falda. Tiene prisa por acudir a su cita nocturna. Esa cosita cubierta de mierda, que se agita sobre las baldosas, la exaspera. Se pone a gritar ella también. Henri berrea más todavía. Entonces, se va.

Henri ha empezado con buen pie su carrera como poeta.

Marc tiene diez años. Su padre se está muriendo de cáncer en el hospital. Esa especie de maquinaria vieja, llena de intubaciones y goteros, es su padre. Sólo su mirada sigue viva, y expresa sufrimiento y miedo. Marc, también sufre. Tiene miedo, también. Él quiere a su padre. Y a la vez, empieza a tener ganas de que se muera, y a sentirse culpable por ello.

Marc deberá trabajar eso. Desarrollar en sí ese sufrimiento tan particular y fecundo: La Santísima Culpabilidad.

Michel tiene quince años. Ninguna chica le ha besado nunca. Le gustaría bailar con Sylvie; pero Sylvie está bailando con Patrice, y es evidente que le encanta. Él está petrificado; la música penetra hasta su yo más profundo. Es una lenta magnífica, de una belleza irreal. No sabía que se pudiera sufrir tanto. Hasta el momento, había tenido una infancia feliz.

Michel no olvidará nunca el contraste entre su corazón oprimido por el sufrimiento y la estremecedora belleza de la música. Se está formando su sensibilidad.
Si el mundo se compone de sufrimiento es por ser, en esencia, libre. El sufrimiento es la consecuencia necesaria del libre engranaje de las partes del sistema. Debéis saberlo, y decirlo.

No os será posible transformar el sufrimiento en un propósito. El sufrimiento es, y en consecuencia no podría volverse un propósito.

En las heridas que nos inflige, la vida alterna la brutalidad con la insidia. Conoced ambas formas. Practicadlas. Adquirid de ellas un conocimiento completo. Distinguid aquello que las separa, y lo que las une. Entonces, se verán resueltas muchas contradicciones.

Vuestra palabra ganará en fuerza, en amplitud.

Teniendo en cuenta las características de la época moderna, el amor ya casi no puede manifestarse; pero el ideal del amor no ha disminuido. Al estar fundamentalmente situado, como todo ideal, fuera del tiempo, no puede disminuir ni desaparecer

De donde se sigue una dicotomía ideal-real particularmente llamativa, una fuente de sufrimiento especialmente fecunda.

Los años de la adolescencia son importantes. Una vez que hayáis desarrollado un concepto del amor lo bastante ideal, noble y perfecto, estáis jodidos. En adelante, nada podrá satisfaceros.

Si no frecuentáis a ninguna mujer (por timidez, fealdad o cualquier otra razón), leed revistas femeninas. Sentiréis un sufrimiento casi equivalente.

Ir hasta el fondo del abismo de la ausencia de amor. Cultivar el odio a uno mismo. Odio a uno mismo, desprecio por los demás. Odio a los demás, desprecio por uno mismo. Mezclarlo todo. Sintetizar. En el tumulto de la vida, ser siempre perdedor. El universo como una discoteca. Acumular gran número de frustraciones. Aprender a ser poeta es desaprender a vivir.

Amad vuestro pasado, u odiadlo; pero tenedlo siempre presente. Debéis adquirir un completo conocimiento de vosotros mismos. Así, poco a poco, vuestro yo profundo se irá soltando, se deslizará bajo el sol; y vuestro cuerpo se quedará en el mismo sitio, inflado, tumefacto, irritado: maduro para nuevos sufrimientos.
La vida es una serie de test de destrucción. Hay que pasar los primeros test, atascarse en los últimos. Fallar en la vida, pero fallar por poco. Y sufrir, sufrir siempre. Debéis aprender a sentir el dolor por todos^ vuestros poros. Cada fragmento del universo debe ser para vosotros una lesión personal. Sin embargo, debéis sobrevivir, al menos durante algún tiempo.

No hay que desdeñar la timidez. Se la ha considerado como la única fuente de enriquecimiento interior; y no es mentira. En efecto, en esos instantes de desfase entre la voluntad y el acto es cuando comienzan a manifestarse los fenómenos mentales interesantes. En ausencia de dicho desfase, el hombre es poco más que un animal. La timidez es un excelente punto de partida para un poeta.

Desarrollad en vosotros un profundo resentimiento con respecto a la vida. Tal resentimiento es necesario en toda auténtica creación artística.

Es cierto que, a veces, la vida os parecerá simplemente una experiencia incongruente. Pero el resentimiento deberá quedaros siempre cerca, al alcance de la mano, incluso si elegís no expresarlo.

Y volved siempre al origen, que es el sufrimiento.
En el momento en que suscitéis en los demás una mezcla de horrorizada compasión y desprecio, sabréis que vais por buen camino. Podréis empezar a escribir.

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