Los chupauezo

Cerca del estadio, a la altura del puente 16, la familia de los Chupauezo abrieron en su madriguera una lomiteria de sesos con gusanos. En poco menos de un año pasaron de la pobreza al despilfarro: tiran huesos por la ventana.

La venta de lomitos fue en alza gracias a la técnica de sangrado lento que implementó el hijo menor. El secreto es colgar de un pie a los humanos durante la noche para que al día siguiente el cerebro resulte más esponjoso.

Los domingos la fila de zombies llega a cubrir hasta tres cuadras. Hay la frialdad de un témpano pero se mantienen ordenados y avanzan prolijos por la calle. Es todo un espectáculo ver cómo se respetan los lugares. Eso hasta que comen los sesos. Entonces enloquecen y se roban entre ellos las sobras de gusanos. Y vuelven a ser una masa pegajosa de zombies.

De noche unos perros visitan la madriguera para lamer la pila de huesos.

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