Crece un bosque

El agua del lago es oscura, de una turbiedad y espesura que da miedo tocar, incluso acercarse. Un pescador cuenta a los niños que en las profundidades vive una voraz familia de caimanes. Lo hace para que no se acerquen. El pescador sabe que los zombis toman de esas aguas. Las familias del pueblo también lo hacen pero después de filtrarla y hervirla. Solo los poderosos toman agua transparente, sin sabor.  

A orillas del lago crece un bosque joven. Antes de que ocurriera La Urgencia el fuego y los desmontes forestales habían rapado a cero los campos. Una de las últimas tareas del municipio, previo a su disolución, fue plantar las semillas que ahora son el bosque. Hace meses que no llueve pero los árboles siguen creciendo. No dependen de las lluvias sino del lago.

En el pueblo de las orillas solo tres ancianas recuerdan las épocas de tormentas. Se juntan por las tardes a charlar de cuando los peces del lago tenían una sola cabeza y el agua era transparente. Se divierten muchísimo con el repaso de sus vidas. Y producción incesante de quejas, en especial por la falta de lluvias y el agua envenenada.

Un niño se acerca hasta el lago, en la mano lleva una lanza; un palo que tiene en la punta una hoja de cuchillo asegurada con alambre. Mira con cuidado a sus alrededores y después se fija en los árboles del bosque. Se pregunta por qué los árboles no tienen miedo de los caimanes o los zombis. Tampoco les importa el color del agua. Solo crecen. Crecen en silencio.

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