La montaña

Ya no se escuchan pájaros, algún tiempo atrás los hubo en abundancia. Los zorzales bajaban a picotear los gusanos. Hay unos gorriones zombies pero no cantan. Jamás cantaran. Quedan las bocinas, los caños de escape, las sirenas, los perros vagabundos, y esos vestigios de voces viejas.

Un niño juega con una lata de tomates vacía, la llena de piedras y la agita. De su bolsillo trasero saca una hondera y le dispara una piedra a un zombie que está a unos treinta metros. Es un tiro perfecto que difícilmente pueda repetir. Le pega en el costado de la frente, el golpe lo distrae y se aparta del grupo que gira alrededor de la base de la montaña.

En una roca elevada suenan dos altoparlantes; es un dj de la Zombicool. Hacen la fiesta para pasar sin daños los camiones que traen el trigo del sur. Luego desconectan los parlantes y los zombies se dispersan, persiguen otros sonidos que la ciudad emana. En general se amontonan en las plantas bajas de los edificios, a la espera de ruidos. Los ruidos significan vida.

El niño ha aislado al zombie. Le va insultando para que lo siga hasta una traffic donde lo espera un hombre con un sobretodo gris. Encierran al zombie junto a otros tres especímenes y dan por finalizada la cacería. En el asiento de acompañantes hay una chica que le muestra las tetas por el espejo retrovisor hasta que aparece el padre y su hermano.

– No hagas eso Clarina.

– Ya, igual no les interesa.

El niño sabe que las tetas de su hermana le están prohibidas, pero hace un tiempo que se las ha visto y no se las olvida. Son más atractivas que la carne podrida de los zombies que estudian en el laboratorio.

Cuando la traffic acelera en la ruta con dirección al pueblo, Clarina grita con furia. Grita como si la estuvieran mutilando. Aunque no ocurre nada. El padre ni siquiera se molesta en intentar hacer algo; su hija sufre una enfermedad incomprensible desde antes de La Urgencia. Sigue gritando, sin motivo. A los costados de la ruta los zombies salen corriendo unos metros detrás de la traffic y luego se detienen bruscamente, cansados, se pegotean otra vez.

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