Una tarde, siendo niños,

creamos la palabra “Pidotiempo”. 

La gritamos en pleno juego,

y en eso se frenaba el mundo;

todos congelados en su posición.

El campo de batalla era,

gracias a esa palabra, 

un refugio implacable.

Son dos palabras, pido-tiempo. 

En el apuro se decía junta,

sin aire en el medio,

apretada,

gritada al viento,

con fuerza de tarzán.

El efecto era algo de mágico;

nos libraba a preguntar,

proponer, quitar, dudar.

O arreglar un enojo,

con un apretón de manos.

Después una mirada cómplice

para reiniciar el juego.

Un comentario en “Pidotiempo

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